Director: Cesar Lévano | Lima, Domingo 19 de mayo del 2013 - AÑO: VII - Edición: 002974 | T. Cambio: Dolar: S/. 2,6482 | Euro: S/. 3,3985


Publicado: Jueves 01 de noviembre del 2007 | Especial | Imprimir | Compartir | 1766 Lecturas

Lucha Reyes: una historia y una voz para la leyenda

 
Lucha Reyes: una historia y una voz para la leyenda

(1) Como la francesa Edith Piaf, tuvo una infancia cargada de dolor. (2) Con Juan de Dios Rojas.


 
Lucha Reyes tení­a 31 años de edad, 13 de artista profesional y tres de fama. Tuvo que estar, en 1970, a punto de morir para que algunos se dieran cuenta de que era una gran artista. Ha tenido que terminar de vivir para que todos sintamos su tamaño de leyenda popular, la dimensión de amor que habí­a alcanzado en las capas más hondas del pueblo. Esas guitarras que se elevaron en medio del inmenso cortejo fúnebre, esos valses muchedumbremente cantados en una iglesia, fueron homenaje que nadie hubiera podido calcular hace apenas tres años, cuando el gran público se enteró de que existí­a una ¡morena de oro del Perú!.

Te podría interesar
 
Todos somos afros.
“Una vez mi hijita vino del colegio llorando porque le habían dicho
 
Gobierno aprista atentó contra el fortalecimiento de Petroperú .
El reglamento que permite la modernización y el fortalecimiento de
 
 




 
(El siguiente texto fue publicado en la revista CARETAS, el 8 de noviembre de 1973)."

DATO

Edith Piaf, la mejor intÉrprete de la música popular de Francia, fue llamada ¡el gorrión de las calles de Parí­s!. Su infancia fue una sucesión de desgracias. Cuando ella y su hermana, adolescente, pedí­an limosna cantando, alguien la descubrió y la lanzó a la fama mundial.

Conocí­ a Lucha Reyes hace diez años, precisamente en ese rincón cálido de ¡El Sentir de los Barrios! en donde pidió ser velada. Lucha Reyes no era la morena de oro, entonces. Nada de oro. Era, si no me equivoco, una obrera de fábrica que cantaba por el endemoniado gusto de cantar ante amigos que la mimaban pero nada podí­an hacer por ayudarla. Apenas si comenzaba a ser una artista profesional. Ya no era más la negrita muerta de hambre que pedí­a limosna por las calles y soñaba con muñecas de todos los colores. Ya no esa vendedora de periódicos, a la que maltrataba el patrón cuando sobraban diarios. Ya no la hija de la tamalera que no puede saciar su hambre de pan y a veces pasa dí­as sin comer, niña peruaní­sima. Ya no la muchachita asustada que ve incendiarse el cuartucho iluminado a lamparí­n o vela. Ya no la delgada negrita fea que huye del padrastro que la maltrata. Ya señorita artista golpeada por la vida, lÉase tambiÉn puntapiÉs concretos.

En la Época en que la conocí­, repito, empezaba a ser artista profesional. Si lo habrá recordado, a la hora de la muerte. Esta vez por ejemplo en que un empresario la llevó en gira durí­sima y la hizo dormir en un banco de la Plaza de Armas de Piura. O aquella historia de que pidió un vals titulado ¡Mi última canción!, que desde luego, se vende mucho despuÉs de su muerte.

Barrios de sentir
Lucha nació en julio de 1936, en la calle Aromito del Rí­mac, a dos cuadras del Paseo de Aguas, a cinco de Malambo (vulgo: Francisco Pizarro). Barrio de gente morena o chola. Manes de los indios camaroneros o de los prietos guineos que una vez se sublevaron al enterarse de que utilizaban esqueletos de negros para estudiar anatomí­a. De ese barrio tumultuoso que vivió luchas obreras han surgido algunos de los mejores momentos de la Música popular de Lima. Braulio Sancho Dávila, mulato albañil apuesto que vestí­a elegante en noches de jarana en el Malambo frenÉtico. Bartola Sancho Dávila, reina de la marinera que baila eternamente en la memoria colectiva. Manuel Quintana, ¡el canario negro! (magnifica imagen, tecnicolor de poesí­a popular). Elí­as ízcuez, albañil constructor de imperios de canto, con su hermano Augusto. En el callejón de Aromito escucharí­a la canillita los cantos hondos sentimentales de la serenata, y alegre ritmo negro de jaranas.

En otro tiempo vivió en el Callao, en Marco Polo, en galpón para ví­ctimas del terremoto de 1940. Hacia los ocho años fue internada en el Convento del Buen Retiro, de las madres franciscanas. Era la alegrí­a del Convento, y tambiÉn su inquietud. Por esos años vivió en la bajada de Santa Clara, cerquita de donde anduvo el maestro Felipe Pinglo !“otro gran desconocido, cuando no vituperado sin causa por los poetas ¡cultos!. Barrio profundo de Pablo casas, de David y Guillermo Suárez.

De esas calles y callejones sacó Lucha Reyes el alma que poní­a en sus cantos, y el cariño confirmado en el minuto de su muerte por los sencillos peñas y rincones de Música criolla. Un dí­a se sabrá que gentes como ella ayudaron a salvar un fragmento de voces para el coro integral de nuestro canto futuro.

La mañana aquella
- Ahora Lucha Reyes está muerta. Ha caí­do el clavel oscuro, la delicada flor que desde el primer dí­a sufrió los rigores del mundo.

- La mañana de su muerte, se levantó a las seis y media. Su dolorido compañero de la última etapa, Ausberto Mendoza, nos cuenta: ¡Ella estaba mal de la vista. Yo le hací­a todo, hasta la pintaba. Me dijo: !˜Hoy dí­a me vas a poner bien bonita, porque hoy es el dí­a de la canción criolla. Me voy a poner este vestido rojo, porque yo soy bien peruana, carajo!™.

- ¡Amaneció bien lisurenta. En el auto, cuando í­bamos a la misa de la Canción Criolla en la Sociedad de Actores, le dijo al chofer de su carro: Oiga tí­o, no me ponga radioteatro, carajo. Póngame Música criolla!.

- De repente, le dio una palmada en el hombro. Hizo una leve mueca. DespuÉs otras dos palmadas, y estas palabras finales.

- ¡Ay, Dios!

- No la venció la tuberculosis, curada desde que fue atendida en Bravo Chico. La mató la diabetes, que habí­a envejecido prematuramente sus arterias y le produjo paro cardí­aco.

- Su última canción la cantó el pueblo. Su entierro fue un rí­o de voces y llanto de gentes humildes. Eran la misma sustancia de su voz y sus lágrimas. Eran ella misma llorando y cantando.

CÉsar LÉvano
Director



 

Notas relacionadas

- El legado de Javier Pulgar Vidal (6 lecturas)
- Lima: un pasado glorioso (6 lecturas)
- TPP: Cuestionamientos sociales (5 lecturas)
- Llevando la quinua a la mesa popular (19 lecturas)
- Llevando la quinua a la mesa popular (5 lecturas)
- Luchador, hasta el final (102 lecturas)
- Víctor Merino. Elegido por la música (79 lecturas)


Tags: artista, cancion, muerte, barrio, morena, criolla, popular, profesional, musica, ultima,

Más noticias de Especial
 
  • Llevando la quinua a la mesa popular

    Llevando la quinua a la mesa popular »

    Cuando don Félix Trujillo llegó a Lima a los siete años de su natal Puno, no podía dejar de añorar la mazamorra de quinua con leche que preparaba su madre. Como...

  • Luchador, hasta el final

    Luchador, hasta el final »

    La vida de Javier Diez Canseco estuvo marcada por la lucha constante. Desde su primer año de vida, en el que padeció una polio que ocasionó la discapacidad que...


Comparta esta noticia


Si le ha gustado o quiere recibir periódicamente nuestras noticias por correo, no hay problema puede suscribirse gratuitamente a nuestros feed y recibirá todos los días nuestras noticias actualizadas. No olvide confirmar su suscripción, le llegará un correo en el momento que haga clic en suscribirse

Ingrese su Correo electrónico



Comentarios

 



Suscríbase gratis!

Ingrese su nombre y correo.

Reciba noticias diarias en su correo

Desuscribirse click aquí ».