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Hugo Chávez o los miedos sociales

Hugo Chávez o los miedos sociales

Las demostraciones masivas e internacionales de homenaje a Chávez, han irritado a los sectores extremadamente conservadores.

Los medios de comunicación de América Latina son la principal razón de que la mayoría de la gente de Latinoamérica tenga una visión de Venezuela igual de distorsionada o incluso peor que la de la mayoría de ciudadanos estadounidenses.

(Mark Weisbrot, columnista de The Guardian, y codirector del Center for Economic and Policy Research)

(A la hora de la muerte) “A un hombre debe bastarle pensar que es un hombre, que está de pie, que está bajo las estrellas”.

(G. K. Chesterton)


Pocos políticos en América Latina levantaron más polémica en vida y en muerte que Hugo Chávez: Temido y odiado por algunos; amado y adorado por millones. Objeto de todos, absolutamente todos los trucos que una prensa dedicada a la desinformación podría utilizar para tumbárselo, incluyendo la complicidad con un intento de golpe de Estado. Sin embargo, les sobrevive incluso en su muerte.

Hugo Chávez, ser humano, nos ha enseñado cómo se vive la lucha por un ideal al margen de su posición política, además de cómo se debe morir. Como a estas alturas de mi vida no creo en pajaritos, no me llama la atención nuestra prensa y su defensa irrestricta de la libertad de empresa. (…) Y lo gracioso es que realmente, salvo cuatro o seis periodistas sensatos y/o lúcidos por ahí, muchos siguen actuando como si la gente les creyera. Allá ellos.

EL PROBLEMA ES OTRO
Entonces NO, para mí el problema es otro, y es el mismo del Fin del Mundo el año pasado: ¿Por qué gente que conozco como inteligente y capaz, de todas las procedencias posibles, termina por creerse las historias de la prensa, y repetir un discurso mendaz y a todas luces completamente tendencioso e incluso falso?

Y en esto me fijo en el tema Hugo Chávez, pues he escuchado monsergas absolutamente increíbles al respecto. He oído y visto expresiones de tanta emotividad, que de repente se las podría merecer un esposo tramposo, un padre ausente, un hijo sinvergüenza … pero … ¿el presidente de Venezuela, nación indudablemente petrolera y hermana, pero de hecho bastante lejana de nuestras preocupaciones inmediatas?

Vamos, que eso se merece su poquito de análisis. Hay gente que no puede escribir –e incluso pensar– el nombre Hugo Chávez sin sentir violentas arcadas físicas y emocionales. Miremos algunos de los epítetos dedicados a Chávez, el proceso venezolano y sus aspectos vinculados, recogidos en un par de intervenciones en una discusión en red social: fraude, genocidio, se atornilló miserablemente, vomitó, amordazó, sojuzgó, emputeció, dictatorial, estupideces, payaso, títere, malvado, apestoso, miserable, desgraciado, hijo de puta, golpista, malvado, más un larguísimo y efectista etcétera.

Yo no sé, pero ahí parece que hay algo raro. Tengo mis ideas de izquierda bien enraizadas e incluso familia en Chile, pero puedo, por ejemplo, decir con toda soltura, naturalidad y hasta desenfado: “Augusto Pinochet”, y no solamente no me pasa nada, no me dan agruras ni acidez estomacal ni me salen pústulas moradas, sino que hasta siento algún nivel de satisfacción al poder mostrar cierta aura de objetividad frente a un tema polémico.

Eso es gratificante si uno se pretende analista de la realidad y capaz de conceptualizarla sin caer en malabarismos de conveniencia personal, que a mí nadie me paga por opinar, lo que tampoco es tan bueno, pues tengo cuentas que pagar y gente que me lo recuerda con insistencia digna de encomio.

Pero por lo menos puedo decir “Alan García” y hasta “Marco Tulio Gutiérrez”, y no me viene chucaque ni soponcio. Tampoco es que me gusten esos personajes, pero no pienso darles a ninguno de ellos el gusto de amargarme la existencia cotidiana con sus barbaridades en hechos y palabras.

LOS PERROS DE PAVLOV
¿Por qué a tanta gente le da ataque? Como soy educador y me sé mi poco, tengo mi respuestita: La asociación de un concepto a contenidos negativos determina estímulos aversivos asociados en este caso a la imagen “Hugo Chávez”.

Es decir, cuando alguna gente es sometida al estímulo “Hugo”, se le ha condicionado para que salive amargo. Y ahora no me vengan con la monserga de que la prensa no tiene tanto poder, porque puede machacar y machacar diaria y subliminalmente a la gente, y no me vengan con que no, que grandecitos ya somos.

Como siempre digo, me molesta que me tomen por imbécil, aunque a veces puedan eventualmente tener razón. Y, si la prensa es particularmente monocorde y manejada por gente sin escrúpulos, pues el condicionamiento es más efectivo todavía. Convendrán ustedes conmigo que estas condiciones de monocordia y concentración capitalista se cumplen ampliamente en nuestro continente.

Pero yo no puedo culpar a la gente por ser condicionada por un sistema educativo que te estafa y te dice, por ejemplo, que sabes leer, cuando en verdad eres semianalfabeto funcional -y apuesto que por ahí aparecerá uno que dirá que lo estoy insultando, de esos que cree que “panzón” es un insulto-, no consigues decodificar discursos y diferenciar lo manifiesto de lo latente ni dispones de herramientas de análisis más allá de tus simpatías y antipatías. Es que tener una “masa de maniobra” mediática es riquísimo.


El odio que destilan algunos medios rechaza cualquier forma de objetividad.

EL MALO DE LA PELÍCULA
Nuestra Derecha Bruta y Achorada tiende a opinar con los juanetes y creerse los propios discursos destinados a los incautos. Eso de otorgarle a Hugo Chávez el increíble y cuasi demoniaco poder de intervenir en casi todo, e influir, decisivamente en absolutamente casi todo, pues ni el comunismo soviético en su mejor momento lo tuvo.

Nos guste o no, Chávez nunca estuvo en condiciones de disputarle el dominio del mundo a los Estados Unidos, ya bastante hizo manteniendo en lo posible la independencia de Venezuela.

Claro que en la técnica del psicosocial se trata de meter miedo y fortalecer simbólicamente al enemigo, para asustar lo suficiente a los pobres de espíritu como para abandonarse en brazos de una autoridad fuerte que se ofrezca generosamente en proporcionar seguridad y quitarles la pesada carga de la Toma de Decisiones.

En todo caso, asignar omnipotencia siempre es sospechoso, aun suponiendo que la DBA sabe lo que hacía -cosa que dudamos-, sus decisiones corporativas últimamente han sido bastante malas.

EL INSULTO Y EL INCONSCIENTE
A mí, que jamás me gustó el estilo de Chávez, entiendo sin embargo que el hombre ha tenido mucho éxito: ganaba las elecciones, caray, a medio la docena. Y si puedes hacer eso, para qué vas a dar golpes de Estado o ser dictador. Discutible, por cierto, si lo que quieres es enterarte mejor de las cosas y por ende estar en posición de tomar mejores decisiones, cuando menos sensatas.

Pero he leído y escuchado gentes que creen que insultar es un argumento, que recurren a la magia de ciertas palabras que suenan a conjuro tipo Brujas de Macbeth, que confían en las propiedades mágicas del caldero de las susodichas, y despachan su ignorancia a gusto y como si fuera algo a enseñar y de lo que sentirse orgulloso. El nivel de la agresividad desatada es tal que uno se convence que esta gente no se conformaría con menos que matar a aquel que sienten los agrede.

Imagino que para estas gentes debe ser terrible que Hugo Chávez se haya muerto por su cuenta, sin que hayan tenido la oportunidad de clavarle la estaca al vampiro. Denigrar al muerto tiene límites lindantes con las ambivalencias necrofílicas, y no creo que la gente esté tan loca.

Sería terrible que encontraran, como les pasó a algunos veteranos de la Lucha contra el Comunismo, que Chávez en realidad les hacía el favor de darle sentido a sus vidas. Ahora cómo haremos para mantenerlo amenazante, menuda dificultad que seguro produce enredos padre en cabezas no demasiado entrenadas en el ejercicio del pensamiento.

Cuando vemos a algunos tratar de encajar la realidad a esos esquemas, pues que le chapamos el chiste, empezamos a reírnos, y la comunicación se pierde, pues el interlocutor se ofende con uno y lo desamiga de las redes sociales.

EL PROBLEMA DEL OTRO
El problema entonces no es -o era- Chávez, es el otro, el que habla de él. Imagínate que tratas de conocer y posiblemente de cuestionar las bases del gobierno bolivariano (ojo que no puedes decidir a priori que lo vas a cuestionar, pues primero necesitas la data, como sabe cualquier investigador serio), te apuesto doble contra sencillo que NO vas a encontrar información fidedigna, o que conseguirla te va a costar sangre, porque están más ocupados demonizando a Chávez y al Chavismo, creen que con eso ganan más.

Como ellos suponen que las gentes son irremisiblemente estúpidas (tampoco los podemos culpar por creer que tras décadas de destruir la educación no tengan la conciencia de cierto éxito, sobre todo cuando leemos las disertaciones de charco turbio), entonces ya no se molestan en argumentar, con la salivación pavloviana a lo Montesinos debe bastar.

La gran mayoría de los que se dicen “analistas” de la prensa peruana, repiten la propaganda que ellos mismos se creen, y que hasta de repente colaboraron en fabricar, y no proporcionan información nueva, sino se limitan a repetir lugares comunes, como por ejemplo esa estupidez de “perpetuarse en el poder”:

Traten por favor de explicarme cómo hace un muerto para perpetuarse en el poder. Por cierto, estas limitaciones analíticas se observan también con el tema de la renuncia del Papa, donde vemos que muchísimos “analistas” no dicen esta boca es mía porque esperan el His Master’s Voice proveniente del Palacio correspondiente.

EL PROBLEMA ES EL OTRO
Hugo Chávez ha muerto de cáncer. Y hemos visto gente escupir el cadáver y patear el ataúd, de modo virtual. No creo que pudieran en persona, para eso se necesita coraje, no la fácil valentía de las redes sociales. Es muy simbólico eso de patear al muerto, de insultar a gentes que opinan diferente que el que insulta a Chávez, a los que se les adjudica ipso facto la calidad de “enemigo”.

Parece que el muerto no está tan muerto en esas mentes. De repente no está muerto, anda de parranda. Estoy seguro que esto les duele a algunos, pero Chávez, fallecido y todo, sigue siendo mayoría en Venezuela. Y se ha ganado un prestigio que supera con mucho el de la mayor parte de sus críticos.

En cierto modo está más vivo que muchos, si empleamos la intensidad de la vida como parámetro. Porque el problema de fondo sigue siendo el Miedo, la necesidad de las gentes de tener cierto control de su vida, y que creen tener porque pueden soltar epítetos en las redes sociales a los que les han digitado deben odiar.

No veo posible controlar las ideas metiéndoles un adjetivo al costado, por ejemplo, Chávez malvado, dictador, criminal. Vale la pena preguntarse a qué le temen realmente esos caballeros y damas tan prolíficos en epítetos y adjetivos. Sobre todo ahora que el “Diablo” está muerto.

Y va a ser peor, porque es inevitable la comparación con el Mío Cid Ruy Díaz El Campeador, que ganaba batallas después de muerto, comparación que va a levantar ronchas, pero que es justa, por lo cantado que está el triunfo de Nicolás Maduro.

COLOFÓN
El miedo es el padre del odio
Ahora bien, el odio viene del Miedo, y el miedo de la posibilidad de que me quiten lo que entiendo es mío. Y eso es entendible perfectamente en las clases exclusoras, que se apropian de más de la mitad de la riqueza de nuestras naciones, y que algún nivel de culpa interna inconsciente deben sentir por despojar al resto, aunque esa inconsciencia estoy seguro que en algunos es bien inconsciente, mientras en otros es Responsabilidad Social.

Ciertos medios de comunicación peruanos hacen plata explotando y reflejando el temor inconsciente de los que la mueven, y la manipulación que ciertos periodistas lograban, ya no es tan eficiente como solía ser, se cae porque ya no puedes seguir vendiendo indefinidamente la bobada ideológica del comunismo internacional, y resolvemos metiendo bala y “matando menos gente”.

Los grandes capitales están inmovilizados por conflictos sociales que el poder político ejercido por dichos superdotados no atina a tipificar ni a resolver con un mínimo de solvencia. En consecuencia, vender el temor a los ajustes sociales de cuentas por el que se cobre con intereses la deuda social, tiene límites. El pacto entre derecha liberal y nacionalismo humalista como que morigera la cosa, aunque muchos la vemos bien compleja, como un solamente ganar tiempo, y a ver qué hacen con ese tiempo.

La lucidez no se compra, se trabaja. Y hay mucho vendedor de sebo de culebra (no “cebo”, por favor). Y ahí.


Javier Bellina
Colaborador

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