“Gabo es el autor vivo más leído del mundo”

“Gabo es el autor vivo más leído del mundo”

El exitoso director colombiano de televisión, cine y teatro Jorge Alí Triana trae a las tablas peruanas el realismo mágico de “Crónica de una muerte anunciada”, de su amigo Gabriel García Márquez.

(1) En 2007, el director colombiano Jorge Alí Triana montó en Lima la versión teatral de “La fiesta del Chivo”, de Mario Vargas Llosa, entonces todavía Premio Nobel de Literatura. Ahora, ha traído a las tablas del Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores) el realismo mágico de “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Márquez, que ya se ha estrenado en Estados Unidos y Colombia, entre otros países. “En Nueva York va en cartelera 12 años seguidos. Continúa representándose; tantos años que me tocó cambiar de reparto, porque los hermanos Vicario, que eran jóvenes, ahora están calvos y con barriga”, comenta el director: “Hace exactamente año y medio cambié el reparto”.

(2) La muerte anunciada de Santiago Nassar.

—¿Qué opina García Márquez de la versión teatral de “Crónica…”?
—A Gabo le gusta mucho el teatro y el cine. Y esta obra no solo le ha gustado mucho, sino que lo disfruta bastante cuando va a verla, y va a verla varias veces.

—Usted, que es amigo de García Márquez, ¿puede decirnos qué hay de cierto sobre el Alzheimer que supuestamente lo aqueja?
—Bueno, sobre eso se manejan muchas versiones. Antes, él tuvo un cáncer que superó. Lo de ahora creo que es algo de la memoria, de la pérdida de la memoria. Digo yo que se parece como el final de uno de sus personajes de novela.

—Él siempre tuvo esa preocupación por la pérdida de la memoria, como en “Cien años de soledad”.
—Pues él siempre ha sido un conversador extraordinario y con una memoria prodigiosa. Sobre todo, un hombre con una inclinación al detalle, a la palabra exacta.

—De detalles impresionantes.
—Yo recuerdo cosas de la película “Tiempo de morir” que dirigí, donde él me dijo que había errores. Le pregunté cuál. Me dijo que las gafas que usa Juan Sáyago para tejer las usa en el duelo. Y eso está mal porque los lentes para tejer son para ver de cerca; y los del duelo, deberían ser para ver de lejos. “Tú debiste usar otras gafas ahí, porque son distintas”, me dijo. Cosas de esa naturaleza me decía. Yo tenía una lista de detalles de ese tipo que él me había hecho notar. Porque siempre Gabo apuntaba a las cosas más inverosímiles, nunca iba al sentido de la obra, al personaje, al conflicto, a la historia, sino a otro tipo de detalles.

—Es una paradoja que él, preocupándose de la memoria, tenga problemas con ella.
—Casi que es una parajoda. Él, físicamente, ni arrastra los pies, no parece un anciano, es muy vital. Lo he visto en marzo del año pasado y estaba muy bien. Estuvimos hablando porque mi hija pequeña, de trece años, en aquel entonces, fue la protagonista de la película “Del amor y otros demonios”. Fuimos a saludarlo a su casa en Cartagena. No era el mismo de siempre y andaba un poco más distraído, pero físicamente estaba perfecto.

—Y vigente. Es, tal vez, el Premio Nobel de Literatura más leído.
—Parece que es uno de los autores más leídos del mundo. El autor vivo más leído del mundo. Curioso, siendo tan específicamente latinoamericano, su obra tiene esa dimensión en todas las culturas y todos los idiomas. Y los que escriben imitándolo lo hacen horrible. Es lo que le pasa a Allende y a muchos escritores colombianos, y eso no lo puede hacer sino él. Es una burda parodia.

—¿Qué importancia tiene que sea un hombre de izquierda?
—No puede haber un humanista que no sea demócrata, sobre todo en América Latina, que no tenga una inclinación. ¿Quién en América Latina con la capacidad de entender nuestra realidad no comprende que la desigualdad, la miseria, la pobreza y el olvido no nos permiten salir del atraso? Me parece difícil; a mí, personalmente, me parece inconcebible.

—La novela “Crónica de una muerte anunciada” llega al Perú como teatro treinta años después de su publicación (1981).

—¿Treinta años? No recuerdo.

—Los personajes son varios en la novela, alrededor de 50. ¿En el teatro?
—Hay actores que hacen 3 personajes; son como 15 actores. Fácilmente pueden estar entre treinta y cuarenta personajes. En la novela, el pueblo es realmente el otro lado del conflicto. Sin el pueblo, esta historia no tendría sentido. Hay una presión y hay una condena social, los hermanos de Ángela están condenados a matar. Las víctimas son los asesinos.

—¿Es culpable Santiago Nassar de quitarle la virginidad a Ángela Vicario?
—Realmente, eso no importa. Esa ambigüedad también yo la exploré en la obra y creo que hay que dejarla tal cual. Es importante que no se sepa, y, además, da lo mismo. En la obra, no importa si Santiago Nassar se acostó con ella o no. Yo creo que Ángela lanza este nombre como culpable porque es el ser más cercano de su familia, es el íntimo amigo de sus hermanos, y lo hace pensando que no va a pasarle nada.

—De repente, encubrió al culpable por amor.
—O lo encubrió por amor o porque, de pronto, puede ser una persona que puede causar una tragedia en la familia: un tío, una violación de niña… Pueden ser tantas cosas, pero a mí me gusta la ambigüedad de esa respuesta. Además, no es el problema.

—¿Cuál es el problema?
—Yo creo que va sobre la cultura nuestra, latinoamericana. Que honor signifique matar a alguien porque se acostó con su hermana: ¿ese es un valor ético válido? ¿Que estos muchachos anuncien ante todo el pueblo y el pueblo piense que ellos están haciendo lo correcto? Hay una gran metáfora sobre la violencia, la participación colectiva, la complicidad en un crimen.

—¿Cuál es la obra que más le gusta de García Márquez?
—“Cien años de soledad”, una obra épica. Es el fresco de toda su obra. Pero a “El coronel no tiene quien le escriba” le tengo un especial cariño. Como dice Chéjov, la síntesis es la hermana del talento. Es corta, exacta, precisa; cada palabra está trabajada como esculpida.

—Y lo llegó a vender a muy bajo precio. Y luego recuperó los derechos.
—Sí. Es una de las obras tempranas de él, de las primeras. Creo que la escribió en los años 50, en París. Necesitaba dinero. Cuando terminó “Cien años de soledad” estaba al borde del hambre.

—No es creíble toda la leyenda sobre “Cien años de soledad”.
—Yo sí creo; conociéndolo, sí. Y conociendo el temperamento de Mercedes, su mujer, creo absolutamente el cuento de que cuando iba a enviar el manuscrito para Buenos Aires les alcanzó para mandar la mitad, por el peso. Es una anécdota real. Manda la mitad; y luego van a empeñar cosas para tener el dinero para mandar la otra mitad.

—La vida de Gabriel García Márquez es real mágica.
—En la autobiografía uno siente eso. Casi todas las historias, las novelas de él están conectadas con su vida, son autobiográficas. “El coronel…” es su abuelo; “Cien años de soledad” es el gran fresco de la familia; “El amor en los tiempos del cólera” es un poco la historia de su mamá y su papá; ellos se juntaron pronto, pero la familia no quería que se casara con el papá de Gabo, y el padre estuvo recorriendo varios pueblos del Caribe buscando a la mamá de García Márquez.

—¿Cuándo conoció a García Márquez?
—Lo conocí porque me llamó una productora de televisión, RTI Televisión, para hacer “En este pueblo no hay ladrones”, y lo hice y a Gabo le encantó. A partir de ahí fue que hicimos “Tiempo de morir”; primero en televisión y luego la película.

—Algo que se sabe poco es que Gabriel García Márquez intervino en televisión.
—En Colombia se hizo “La mala hora”. También, que yo sepa, él escribió una versión de la “María” de Jorge Isaacs para la televisión.

—Usted ha llevado a las tablas también “La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y su abuela desalmada”.
—La hice hace 20 años en Nueva York y en febrero de este año, en Washington. “The Washington Post” me dio dos páginas enteras del dominical; un reportaje muy largo.

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