Ha muerto nuestro “Hombre Mundo” y deja, entre nosotros, un enorme vacío. El editor de la sección Mundo de este diario, hombre de los buenos, de nobleza admirable y trabajador por las causas justas, se despidió de nosotros el jueves, de una manera tan súbita, que no le perdonaremos nunca. Se fue para siempre, pero nos ha dejado su ejemplo de vida. Nos ha dejado esa manera deliciosa, irónica e incisiva de ver la vida y sus circunstancias. Esa forma de mirar nuestros pasos, de manera desconfiada para ir buscando la seguridad. Sanmarquino de los buenos, hizo honor al periodismo en todas las redacciones donde estuvo. Por su competencia en el trabajo y su risa melódica tras sus chistes sabrosos, se hará recordar Julio Altmann, compañero querendón, y grata compañía para la conversa inteligente de risas y anécdotas. Periodista de trajinar infatigable, se inició en las letras, como poeta, que es la mejor forma de iniciarse. Me contaba cierto día que pensaba publicar uno que otro libro más de poesía. Hubiese sido muy bueno, pero ha dejado huella, con este libro que tenemos entre manos: Perfil de Sangre, (1989), el título llama al miedo, pero no hay que temer. Quien teme a la poesía está condenado a vivir sin vida. Altmann tuvo una vida hermosa, hijos, esposa, escritura, canciones, talento. Elijo arbitrariamente dos poemas suyos de Perfil de Sangre, que nos pueden decir algo de este amigo-compañero-periodista-poeta, cuya partida egoísta nos ha caído como un rayo. Breve biografía Fui un niño delgado, tímido, inseguro. Y cambié. Quería una vida simple: esposa, hijos, casa con jardín. Y cambié. Era religioso, me hice ateo. Tartamudeaba, aprendí a hablar. Me creció la barba, aumentó mi miopía, tuve ciertas amantes.
No varió mi gusto por Salgari, Ribeyro y la filosofía, esta asma bronquial que fue más intensa ni mi amor a la Música instrumental.
No ha cambiado mi ansia por las chicas cultas, las fogatas nocturnas, el campo con sol y ciertas esperanzas en brisas, en pueblos, en canciones.
Consejos a un zurdo amor
Si eres izquierdista de verdad, búscate una hembrita que tenga tus ideas; pero no le digas hembrita o peligrará tu amor.
Llámala compañera, no pagues su pasaje y escojan el cine entre los dos.
Que tu hembrita comparta tus ideas tiene sus ventajas: se citarán en los mismos mítines, se prestarán libros de Benedetti y Galeano, revistas con temas sociales y literarios, y casetes de Piero, Pablo, Tania, el Silvio o la Sosa.
A pesar de lo dicho, te aconsejo la trates como a una pituca. Cuando menos lo pienses puede dejarte por un pequeño-burgués.Paco Moreno
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