Crisis económica fortaleció modelo primario exportador

Crisis económica fortaleció modelo primario exportador

De continuar el actual modelo la industrialización del país será una utopía.

A diferencia de la crisis económica de los años treinta sobre la economía nacional que promovió, en el Siglo XX, el cambio hacía un modelo de industrialización sustitutiva, la reciente crisis financiera –iniciada el 2008 en EE.UU y que impactó en el país el 2009- no promovió, como antes, el cambio del modelo primario exportador. Por el contrario lo afianzó.

La reciente debacle financiera y económica mundial ha afianzado al país como un neto exportador de materias primas, advierte Germán Alarco.

Así lo advierte Germán Alarco, investigador de CENTRUM Católica, en un artículo de su autoría en el que analiza, además, las tendencias de largo plazo del PBI per cápita peruano, el patrón de crecimiento de la economía, las características de la crisis y los nuevos elementos que esta genera en el modelo económico.

Afirma modelo
“Nada induce a pensar que esta crisis coadyuve a cambiar el patrón de acumulación basado en la exportación de productos primarios. El principal motor de la economía peruana, en el mediano y largo plazo, continuaría siendo la exportación de los productos mineros y los hidrocarburos, y en segunda instancia de las exportaciones no tradicionales”, subraya Alarco Tosoni.

El segundo elemento activo sería la inversión privada tanto nacional como extranjera. Sin embargo, en ambos casos es probable que se observe un menor dinamismo respecto de la década previa. La crisis de los años treinta nos heredó las políticas fiscal y monetaria anticíclicas, que evitaron que esta crisis del siglo XXI sea más grave.

El también coordinador del libro “Rutas hacia un Perú mejor” plantea un escenario posible para la economía peruana hacia el 2015, si los partidos políticos tradicionales permanecen en el poder.

Así, prevé, el investigador, una mayor brecha entre el crecimiento de las exportaciones y el crecimiento del producto, participación creciente de las empresas transnacionales en el ingreso y producto generado, menor importancia de la restricción externa (acumulación de reservas internacionales), aparición de la enfermedad holandesa (menor competitividad de los sectores exportadores no tradicionales y de la producción doméstica), creciente heterogeneidad estructural (productividad, empleo e ingresos) y mayor volatilidad de los ingresos externos.

“Estamos en una situación paradójica, donde todavía hay conmoción externa, pero por el momento, reducidas posibilidades de ruptura y cambio del viejo modelo primario exportador. La inserción de la economía peruana a la internacional es igual que antes. Ahora se está más abierto hacia el exterior y el sol se aprecia tanto por los mayores ingresos de divisas como por el menor deterioro relativo de nuestra economía respecto de la norteamericana, con lo que la enfermedad holandesa parecería incubarse”, concluye Alarco.

Nuevo contexto
El investigador de CENTRUM Católica señala que existen diferentes explicaciones sobre los orígenes de la reciente crisis financiera internacional, entre las que se encuentran la desregulación bancaria y financiera norteamericana, la política monetaria expansiva, el incremento general de endeudamiento y la formación de burbujas, entre otras.

Para Alarco aún es temprano para tener un balance completo sobre los daños de la crisis financiera y económica sobre las economías, pues es un fenómeno inconcluso y que ha ido mutando constantemente.

“A nivel mundial los principales efectos se dieron sobre el comercio internacional de bienes y servicios. Otro impacto importante fue en términos de las finanzas públicas donde destacan los mayores déficits fiscales de Gran Bretaña, EE.UU., y el resto de los países europeos”, indica.

Impactos en el Perú
Los impactos en el Perú son relativamente menores a los ocurridos en otros países, pero sufrió los efectos por diversos canales de transmisión: contagio en el mercado de valores; menor demanda externa que afectó volúmenes y precios de los bienes y servicios exportados; restricción de la liquidez internacional a través de la reducción de líneas de crédito y mayores primas de riesgo; transferencias externas negativas por las salidas de capital de corto plazo y menor inversión extranjera directa, todo esto en un entorno de expectativas negativas, dice Alarco.

Precisa que la crisis financiera impactó a la economía peruana en circunstancias en que esta crecía a tasas muy elevadas. El shock externo freno el crecimiento.

A pesar de ello, el autor subraya que la estructura diversificada del comercio exterior en productos y mercados de destino ayudaron a atenuar los impactos de la crisis internacional, además, de la política de acumular inventarios y el crecimiento económico de China redujo la magnitud de la caída en los volúmenes y precios de los productos mineros.

A los anteriores se suman que los mayores precios internacionales fueron un factor reactivador importante para la economía. “No hay que negar que la holgura fiscal y los reducidos niveles inflacionarios, previos a la crisis, permitieron que se aplicaran políticas monetarias y fiscales anticíclicas. De esta forma, el Perú, fue menos afectado respecto de otras economías”, considera Alarco.

Secuelas de la crisis
A pesar de la buena reacción de la economía nacional frente a la crisis internacional, aún la crisis esta tomando formas diversas –advierte Alarco- y esto debido a que dejó a nivel internacional una secuela de problemas asociados a importantes desequilibrios en las finanzas públicas, mayores niveles de deuda respecto del producto, niveles de liquidez por encima de los niveles pre-crisis, mayor depreciación del dólar americano respecto de la mayoría de las monedas internacionales, niveles de desempleo y subempleo más elevados que reducen la participación de las remuneraciones en el producto, precios de los energéticos y de los principales metales al alza. “Todas estas secuelas aún tendrán efectos en el panorama internacional. También la implementación de políticas de estabilización para hacer frente a los desequilibrios fiscales y monetarios en los países desarrollados impactan negativamente en la demanda y producción internacional”, advierte.

El traslado hacia el actual modelo económico
El investigador de CENTRUM Católica Germán Alarco precisa que en los años treinta o cuarenta del siglo XX la economía nacional al igual que muchas de Latinoamérica estuvieron orientadas hacía afuera, luego compartió el proyecto de la industrialización sustitutiva, sufrió los embates de la crisis de la deuda de los años ochentas y fue sujeta de las políticas de ajuste y estabilización.

Posteriormente, subraya, a partir de los noventa, bajo la lógica de los programas de ajuste estructural, inscritos en el denominado Consenso de Washington se redujo la presencia del Estado para cederla al mercado. Se eliminaron los énfasis sectoriales y del mercado interno, y se abrió plenamente a la competencia de la economía internacional.

Desde la década de los noventa la estabilidad macroeconómica parece haber contribuido al crecimiento económico, pero estuvo sujeta a los shocks externos, dice el investigador. Así, subraya, en el Perú, desde los años noventa, se abandonó el modelo o patrón de crecimiento hacia adentro por la orientación hacia afuera, con más mercado y menos Estado. “La particularidad nacional es que se basó cada vez más en los sectores exportadores tradicionales asociados a la minería y los hidrocarburos, con una mayor reprimarización económica. Hubo una expansión relevante asociada a los productos no tradicionales manufactureros y agrícolas de consumo directo, pero que de aquí en adelante, parecerían perder importancia por el impacto de la crisis internacional y la reducción del tipo de cambio real”, subraya.

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