El camino de los dioses
En los orígenes de la cosmovisión de nuestros antiguos pueblos los dioses surgen de la tierra, tienen hijos, se aman, fecundan mujeres transformándose en aves multicolores (como en el mito de Cuniraya). Pero estas divinidades son tan antiguas como la presencia de los primeros hombres en estas tierras. Con el tiempo, estos viejos dioses se perpetuaron en montañas, cuevas o lagunas, que aún hasta hoy siguen siendo rutas de peregrinaje.
Los dioses andinos protegían a sus hijos, pero también guerreaban con otros dioses, como en la mitología griega. "

Entre los mitos andinos pre hispánicos, una de estas divinidades es el dios Pariacaca, cuyo lugar se encuentra en la provincia de Huarochirí, en Lima. Con los incas, Pariacaca se convierte en uno de los mayores apus junto con Pachacamac y el sol, en una especie de trinidad celeste. Incluso geográficamente, Pariacaca aparece en el medio de un antigua ruta que unía los recintos sagrados de Pachacamac con los del Cusco.
Cada recinto era como la casa donde la divinidad habitaba y a la que acudían los hombres para pedir protección o dar testimonio de su fe y su respeto. Los cronistas españoles testimoniaron estos lugares, lo que permitió a la iglesia del siglo XVI, seguir el rastro de los peregrinos para destruir sus lugares paganos mediante lo que ellos llamaron la extirpación de idolatrías, que no era otra cosa que la intolerancia religiosa y el menosprecio por los hombre que no pensaban como ellos. Pero nunca pudieron destruir una montaña como el Apu Pariacaca. Para someter a los dioses andinos había que exterminar a los hombres. Para ello se valían del miedo, la hoguera, la soga en el cuello, la espada en la mano y la cruz en la empuñadura.
Los lugares del culto a Pariacaca se encuentran en la ruta del camino inca que partiendo de Pachacamac va hacia Jauja y recorre las cuencas de los ríos Lurín, Mala, Cañete y Mantaro. Pero es en la cuenca alta del río Cañete donde se ubica el Pariacaca.
Hay en medio de los enormes roqueríos una gran cueva llamada Cuchimacahy, un lugar que muestra testimonios muy antiguos de la presencia de los hombres en este lugar, por las estilizadas pinturas rupestres allí encontradas.
Pedro Cieza de León, el gran cronista español refiere este lugar con admiración: “Los que leyeren este libro y hobiesen estado en el Perú miren el camino que va desde Lima a Xauxa por las sierras tan ásperas de Huarochirí y por la montaña nevada de Pariacaca…[Tupac Yupanqui] dio la vuelta al Cuzco por un camino que le hizo, que va a salir al valle de Xauxa, que recorre por la nevada sierra de Pariacaca, que no es poco de ver y notar su grandeza y cuán grandes escaleras tiene, y hoy día se ven por entre aquellas nieves, para la poder pasar”.
Se refiere por supuesto a la construcción de una escalera inca de 2,000 peldaños y 337 metros de altura.
Los curas españoles no pudieron derrotar a los dioses andinos. Ellos todavía viven y convocan a nuevos peregrinos.
Ronald Portocarrero
Redacción
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