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Publicado: Sábado 06 de junio del 2009 | Columnistas y Colaboradores | Imprimir | Compartir | 95 Lecturas

Vargas Llosa tiene un lucero en la frente y tinieblas ideológicas en la conciencia

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Tomás Borge

Tomás Borge

Opinión Embajador de la República de Nicaragua

Cuando Mario Vargas Llosa llegó a Nicaragua, durante el primer gobierno Sandinista, casi pasó inadvertido. No le dimos, y eso fue lo mejor, mayor importancia. Escribió contra el Frente Sandinista de Liberación Nacional un larguísimo artículo, dividido en 5 ó 6 partes, publicado, si no me equivoco, por el Washington Post. Yo le ofrecí una pequeña recepción y una entrevista y, de aquel encuentro apenas recuerdo su afirmación pública de que yo “usaba las metáforas hasta la perversidad”, sus miradas persistentes de admiración masculina hacia la hermosa poeta nicaragüense Gioconda Belli y de que se fue de Nicaragua para nunca volver.

Mi talentosa hija Camila considera a Mario un maestro en el arte de la trama y la redacción. Mi hijo Juan, de 11 años, ha devorado “La ciudad y los perros” y no hay en América Latina quien no se deleite con su literatura. Tiene un lucero en la frente y merece que le otorguen por ello el premio Nobel y si no se lo han dado debe de ser porque no le perdonan sus tinieblas ideológicas para las cuales habría que inventar un premio, talvez el del Chavo del 8.

El prestigio del autor de la novela clásica “La Guerra del fin del Mundo” ha sido utilizado, por desgracia, para defender las malas causas. No se conoce una palabra del famoso peruano-español sobre logros tan valiosos como haber liquidado el analfabetismo en Cuba, Venezuela y Nicaragua, jamás protestó por el facineroso bloqueo contra Cuba. No ha dicho palabra sobre la disminución, a nivel de milagro, de la mortalidad infantil en Cuba. Se ha limitado a alinearse con representantes de las más rechinantes de las derechas en este mundo.

Fue a Venezuela con el fin deliberado de provocar, sabiendo que su prestigio como escritor encontraría un eco desmesurado e ignominioso en los medios de comunicación de la SIP. Su prestigio lo condujo a una intensa vanidad, retando a una confrontación verbal al presidente Hugo Chávez. Nunca retó a Bush, no se atrevió a iniciativa parecida con el presidente de su país, con el cual ha tenido contradicciones políticas. De haberlo hecho me hubiese parecido una inadmisible falta de respeto.

La frase: “Chávez y Fidel son reaccionarios de izquierda” es una estulticia, una simple tontería. Solo hay reaccionarios y revolucionarios. Revolucionarios son Fidel, Raúl, Chávez, Daniel, Evo, Correa, Chomsky y quienes aman al género humano, y reaccionarios son los Vargas Llosa, George Bush, Orlando Bosh, Mariátegui, el pequeño, Chespirito y cuanto oligarca y vendepatria hay en este mundo ancho pero ya no tan ajeno. Los oligarcas, defendidos por los reaccionarios, no aman más que a sus padres y a sus hijos. A veces aman a sus mujeres, a la SIP y a los perros de su casa.

Mario defiende su doble nacionalidad, la cual tan sólo es explicable para los hijos de padre y madre nacidos en diferentes países. Somoza arrebató vidas, haciendas y pasaportes. Nosotros jamás buscamos ser españoles a pesar de nuestras excelentes relaciones con Felipe González. La patria es una sola y jamás se comparte.

Yo le oí a una persona muy íntima de Vargas Llosa, cuando perdió las elecciones presidenciales: “Perú no merece a un hombre como Mario”. Pero el Perú es la tierra de Túpac Amaru, Micaela Bastidas, de José Carlos Mariátegui, de César Vallejo, de González Prada, de Haya de la Torre, de Blanca Valera, José Santos Chocano y Arguedas, es la tierra de la fantasía y del heroísmo. Podría estar en esta lista Mario Vargas Llosa, si éste no se hubiera convertido en un opaco y vagabundo vocero del capitalismo salvaje.




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