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Publicado: Jueves 26 de noviembre del 2009 | Columnistas y Colaboradores | Imprimir | Compartir | 52 Lecturas

Triste realidad

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Ivlev Moscoso

Ivlev Moscoso

Opinión imoscoso@diariolaprimeraperu.com

Los Juegos Bolivarianos son una vergüenza para el deporte nacional. No lo digo por los atletas. Ellos son los más sacrificados. Pues muchas veces practican su deporte en condiciones ina-decuadas. Mal alimentados, amontonados en reducidos espacios, etc.

El deporte es, en el mayor de los casos, el reflejo de la política. Hoy se habla de un crecimiento económico en el país, sin embargo, la brecha social es cada vez más grande: Los pobres cada vez son más pobres.

El deporte competitivo en cualquier edad, debe entenderse que hoy es profesional. Si un deportista clasifica para cualquier torneo internacional tiene que estar preparado para afrontar el certamen si quiere ganarlo.

En Perú, muchos deportes son recreativos y en el mejor de los casos semi profesionales. Esa es la diferencia con otros gobiernos que tienen un presupuesto mucho más amplio que el nuestro. Y con dinero, el deporte funciona como profesional.

El presupuesto peruano para del deporte sólo es superior al de Bolivia en SudAmérica. El presupuesto para el marchista ecuatoriano Jefferson Pérez, campeón olímpico el 2004, es de cuatro millones de dólares. Estamos hablando de un solo atleta.

En nuestra patria los deportistas destacados reciben una ayuda económica, pero es insuficiente. Mucha veces hablamos con atletas que realizan deportes de contactos y algunos no reciben ni vitaminas.

El Instituto Peruano del Deporte (IPD), el Comité Olímpico Peruano (COP) y el gobierno central deben mirar bien el medallero de estos Juegos. Ecuador, un país más pequeño que el nuestro, con menos recursos naturales, más pobre, nos duplicó en total de medallas.

Y eso tiene que ser signo de preocupación para los gobernantes. Si queremos triunfos que sean émulos para la juventud, se tiene que invertir. Un deportista sólo será competitivo si sólo se dedica a su disciplina. No puede compartir dos actividades. Y para eso se necesita pagarle. No propinas.

El fracaso de los Juegos Bolivarianos es el espejo del descuido que tiene el deporte en nuestras autoridades.






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