Por los muchachos
Mi blog es un barrio salvaje, una esquina encendida de libertad cómica y achorada. Es un grupo de malapalabreros que toma la posta para despeinar a quien se entrometa en ideales malapalafaiters mediante rollos y cortinas y retóricas.
Los lectores se encarnan en los ‘comments’, y se dicen llamar la Comunidad Malapalabrera (sí, con cachita para los otros blogs, pe, chapen fino nomá). Es una batería grave, una mancha de disparos verbales, un estilo sucio, distorsionado, que se eleva contra el anarquismo saiber. Muchas veces ácidos y con ‘chaplines’ a raudales; otros dejan algún poema, un grito contra el tedio, contra lo establecido, contra la resaca de esta aparente economía de bonanza. Mi blog es una posición, una postura para liberarnos y quedarnos desnudos en una playa de la verdad. El blog es un mototaxi donde se escribe rebeldía con la pistola de sticker. No contentos con sólo leer la columna se avientan a dar su malapalabreada en la Red y aprovechar, muchas veces, el anonimato para sentirse libres, ya sea desde una lujosa oficina en Miami o partiendo de una cabina de internet. Mi blog sobrevive, lo alimento de posts y de mi vida al segundo. Es guerrero: no tiene nada que temer ni nada que esconder y si aparezco con mis chelitas es porque me da la gana. Mi blog utiliza lengua popular y no se alucina académico ni señorío. Hasta se bajan al autor. Mi blog es un animal, un lobo en la oscuridad de los reinos y lotes feudales que se levantan en la cholósfera. Esos boys no aceptan pulgas, vanidades, ego trips y menos que le pongan la agenda en la nariz. Sus ‘comments’, llenos de reflexión, hacen el día en el ‘Malaspalabras.pe’. Somos un equipo de
fútbol que nos las jugamos por el porvenir, en
La Victoria y para siempre.
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