En la reciente CADE 2009, se han preguntado “¿Qué hemos logrado en cincuenta años?” Hay que reconocer que tenemos importantes logros en cuanto a crecimiento económico, pero también que no lo hemos sabido distribuir con equidad, dejando pobres a los pobres y más ricos a los ricos.
En Educación, la cobertura superó el 80% pero con una calidad deplorable que explica muchos de los dramas de nuestra juventud, incluidas la violencia y las pandillas en aumento.
En julio de 2002 el 3.2% del PBI se destinaba a mal cubrir los costos de la Educación, entonces el Acuerdo Nacional comprometió a los principales actores políticos y empresariales a asignar el 6% del PBI a la Educación, pero a fines del 2009 esa asignación estaba en 2.9% del PBI.
Como dice Nicolás Lynch, ahora está de moda hablar de mejorar la Educación pero no de financiarla. En efecto, en CADE se volvió a decir esto, pero nadie dijo aquí está mi parte del financiamiento para comenzar mañana, ni el Estado ni los apóstoles.
Una verdadera reforma de la Educación es cara y larga, se financia en serio hasta lograr una Educación de calidad y un importante contingente de ciudadanos trabajadores, estudiantes, técnicos y profesionales, para hacer un país realmente democrático. Sino son gárgaras.
Los peruanos tenemos que aprender a desescolarizar la Educación y a entenderla como parte de la vida cotidiana, del respeto de la diversidad que nos define y de las normas que nos identifican, para lo cual hay que sumar a la escuela los medios de comunicación, las instituciones públicas, los órganos de control social y la parte del Estado que tiene relación con la gente. Así, al hacer Educación, estaremos fortaleciendo la democracia.
Ver a los “doce apóstoles”, en junio de 1986, sentados en Palacio ofreciendo a Alan García inversiones a cambio de privilegios y después incumplir su promesa, es bien feo, pero 23 años y medio después verlos ofrecer de nuevo a Alan García, una inversión de 13,900 millones de dólares y sólo invertir 5,000 millones, los hace aparecer como incorregibles y los pone en riesgo de ser excomulgados. Además, dejarían muy mal parado al presidente porque dijo una vez que “en política no hay que ser ingenuos”.













