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Publicado: Martes 16 de marzo del 2010 | Columnistas y Colaboradores | Imprimir | Compartir | 47 Lecturas

Lecciones de fraternidad

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Zenón Depaz Toledo

Zenón Depaz Toledo

Opinión Columnista

Ningún debate doctrinario ni programático. Ni siquiera un elemental plan de acción. Sólo una sorda disputa por los cargos partidarios y las correlaciones de poder para candidaturas electorales. A eso quedó tristemente reducido el XXIII Congreso Nacional Ordinario del Partido Aprista Peruano, sellando así la liquidación simbólica de la pregonada fraternidad, producida antes, cuando su habitual celebración a fines de febrero fuera cancelada para dar paso a una jornada cerrada con grescas que anunciaban vendettas al más puro estilo siciliano.

En ese mismo estilo de mafias y camorra, en pleno Congreso salió a la luz una fábrica de credenciales apócrifas montada por el propio Secretario General, que luego recibiría de su propia medicina al ser “fraternalmente” secuestrado en el momento crucial de las definiciones, para que otros urdieran el desenlace de aquella olla de grillos. El resultado: nueva repartija del poder con bendición de Alan García, quien de ese modo consuma el total vaciamiento ideológico y programático del APRA, que de popular, revolucionario o antiimperialista ya no tiene absolutamente nada, convertido como está en el comodín electoral bajo la manga (“mal menor”, “cambio responsable”) de intereses transnacionales, de los Romero, los Crousillat, y operadores mafiosos como Fortunato Canaán, Químper o León Alegría.

Se trata de un desenlace a la medida de Alan García. Nada de discusiones sobre el proyecto histórico del APRA, cualquiera que este fuese. Ninguna reflexión sobre el país, ni sobre la situación en que este segundo gobierno aprista lo deja, tomando en cuenta nuestra posición con respecto a los proyectos geopolíticos en curso en la región o las tendencias globales. Ningún balance de lo efectuado en Educación, salud o justicia. Ninguna evaluación sobre los escándalos de corrupción que comprometen a toda la cúpula aprista, independientemente de la facción de que se trate, empezando por el propio García, misteriosamente enriquecido y entregado a la frivolidad del poder.

¿Moquegua?, ¿Bagua?, ¿Piura? Ni una palabra. Nunca tuvo aquel partido un Congreso tan vacío de definiciones elementales que no fueran las de los apetecidos cargos partidarios, producidas como resultado de un fraccionamiento orgánico igualmente funcional a los intereses megalómanos de García, obsesionado con volver a ser Presidente de la República, para lo cual no le importa balcanizar el partido de Haya de la Torre, a fin de mantenerse como el indispensable componedor de rencillas insalvables, convertidas en elemento sistémico, estructural, de un partido que alguna vez invocaba como mito articulador la fraternidad y el programa antiimperialista.






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