Inseguridad como estrategia electoral

Carlos Urrutia
Opinión ColumnistaLa inseguridad ciudadana está alimentada por la confusión de valores que acompaña al consumismo moderno, que ha logrado que millones de seres humanos confundan adquirir con la adicción a comprar.
Las bandas de delincuentes ahora son más peligrosas que hace treinta años, porque el delito los acerca a convivir con instancias del Estado, especialmente con el Ministerio del Interior y la administración de justicia. Imagínense al Ministro Salazar avalando la estúpida y falsa versión de que los Pishtacos asesinan para sacar la grasa del cuerpo humano y venderla.
Las matanzas de Trujillo como parte de una estrategia desquiciada de exterminio de supuestos delincuentes, preparan a la gente para la militarización de los barrios. En esta parte es cuando la democracia sobra y se vuelve un costo alto e inútil.
Creo que nunca ha habido tanto funcionario público dedicado al negociado privado, al menos tan descaradamente. Esta fusión de representantes sinvergüenzas y representados con vergüenza es fatal para la democracia. Los primeros se forran y los segundos se resignan. Desde los Canaán y León Alegría hasta el come pollo y su tribu de congresistas han hecho evidente que la corrupción es igual para públicos y privados, sólo los diferencia el monto.
¿Qué esconde esta “ola” de inseguridad ciudadana? Que la alianza aproFujimorista sigue manejando instituciones estatales como armas políticas, avanzando hacia el 2011 con los ojos puestos en el próximo gobierno.
Se han asesinado Policías, ciudadanos, se ha desarticulado la PNP contribuyendo aumentar la inseguridad en las calles y a desprestigiar a la llamadas fuerzas del orden que siguen perdiendo su divisa, elevando aún más el costo democrático de esta nueva y audaz estrategia electoral.
Diario La Pr
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