Sin la presencia de Álvarez Rodrich en la dirección de Perú 21, los humoristas gráficos encabezados por Heduardo y el equipo del suplemento humorístico “El Otorongo” se encuentran un poco más allá de la delgada línea intermitente -una parecida a la del rincón superior del sachet- de dicho diario. También corren peligro de ser ‘cortados’ por la intolerancia. Basta un movimiento menor de la reina (Martha Meier Miró Quesada) coludida con la torre (Silvia MQ), imantadas hacia la atracción chirriante y seca del rey para bajarse a los caballos libre pensantes de la acuarela y tinta china. Y el rey del tablero no es el directorio del Grupo El Comercio sino García, ‘le rua’, o como suena “el rey” en francés cien por ciento culturizándose pe primo. Éste popularizó la otrora “patadita Lora” y en ‘update’ la radicalizó telúricamente convirtiéndola en “patadón Rodrich” y vendrá el cañonazo y hasta capaz el mandamás haga el “escorpión” de Higuita con la cabeza de algún otro periodista cuando culmine el APEC -se vocea que inflarían un complot acusando a LA PRIMERA, además de presiones para sacar a “El perro del hortelano” de RBC-. El despido de Rodrich quedó marcado en el almanaque de la prensa latinoamericana como un acto cínico y fascista. Y los que callan, ahora pues, que hagan su periodismo de periodistas en los salones dorados de su Universidad mezquina del yornalismo a,b,c con vacantes sólo para sus sobrinos. Perú 21 se desangra tras la guillotina y el verdugo desayuna ‘fricasé’. García ha soplado como un lobo empachado el castillo de naipes que dio play a los petroaudios para el conocimiento de la opinión pública. Por ahora, quedan sus cartas ‘jokers’ con la dignidad en el humor. Me solidarizo con Álvarez Rodrich y los caricaturistas en estos días de comprobada censura. Para “El Otorongo”: ya tienen la idea para la portada del viernes; flamea siendo el título de esta columna.













