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Publicado: Lunes 20 de abril del 2009 | Columnistas y Colaboradores | Imprimir | Compartir | 63 Lecturas

Cuba-EEUU: ¿Se inicia un cambio histórico?

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Manuel Rodríguez Cuadros

Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión Columnista

La V Cumbre de las Américas puede convertirse en un hito en la evolución de las relaciones interamericanas. Es posible que la semana pasada haya empezado un histórico cambio de calidad en las relaciones entre La Habana y Washington. Y una mutación profunda en los vínculos de América Latina y Estados Unidos.

Se han creado las condiciones para un diálogo directo, con una agenda que incluya el fin al bloqueo y las cuestiones relativas a la situación de las libertades, los derechos humanos y los presos políticos en Cuba. Todo ello, en un contexto -como lo acotó Raúl Castro- de pleno respeto a la soberanía de cada Estado y al principio de no intervención en asuntos internos.

Barak Obama abrió el camino durante su visita a México y lo reiteró en su discurso en la Cumbre. Ese mismo día, por la noche, el presidente cubano respondió señalando que Cuba estaba dispuesta al diálogo con esa agenda y en ese contexto.

El portavoz interino del Departamento de Estado, Robert Wood, calificó de inmediato las declaraciones de Castro como “un paso positivo”, aunque reiteró que para Estados Unidos es importante la “liberación a los presos políticos, la libre circulación de información y La Libertad de reunión”. Ninguno de estos requerimientos debería interpretarse como “condiciones previas”. El presidente Obama desde su campaña habló, con visión de futuro, de un diálogo sin condiciones. Esta apertura es la clave y la llave para abrir los sondeos informales e iniciar posteriormente consultas y negociaciones.

El éxito del proceso requiere ajustar las negociaciones a algunos criterios rectores como el realismo, la gradualidad y la relativa porosidad de la política interna de uno y otro país para hacer concesiones. Los maximalismos deben dejarse de lado con responsabilidad. De una y otra parte.

El camino que incremente la confianza mutua, indispensable para impulsar y asegurar el éxito de las negociaciones sustantivas, debiera alimentarse con la progresiva adopción, también de parte y parte, de medidas concretas y específicas, como las decididas por Washington para suspender las restricciones que enfrentaban los cubanos estadounidenses para viajar a Cuba o para enviar dinero a sus familiares en la isla, así como el otorgamiento de mayores libertades a las compañías de telecomunicaciones de EE.UU. para invertir y operar sus servicios en Cuba.

Este proceso de consultas y negociaciones debe conducir al levantamiento del bloqueo que por cuarenta años ha limitado ilegalmente las posibilidades de expansión y crecimiento de la economía cubana. Y, al mismo tiempo, Cuba debería adoptar en el ejercicio de su propia soberanía las medidas que permitan que un país que no necesita presos políticos, deje de tenerlos; que amplíe el ejercicio de las libertades y que ratifique el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.




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