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Publicado: Domingo 14 de marzo del 2010 | Columnistas y Colaboradores | Imprimir | Compartir | 80 Lecturas

¿Cómo estás?

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Jaime Lértora

Jaime Lértora

¡Habla Jaime! Columnista

En cada nuevo encuentro esta fórmula de saludo está mayoritariamente presente, lo que estaría revelando un interés de quien saluda por conocer cómo le va al otro, ¿pero es que de verdad le interesa saberlo? Pareciera que no, porque luego de la pregunta y sin esperar respuesta quien saludó continua hablando.

Muchas veces pensamos que hablar es igual a comunicarse, sin embargo en esta fórmula de saludo se estaría comprobando que no siempre es así, que no siempre comunicamos lo que queremos e incluso otras veces comunicamos lo contrario de lo que queremos. Si de verdad estamos interesados en saber cómo le va al otro cuando le preguntamos ¿cómo estás?, entonces debiéramos esperar a que nos responda y no hablar enseguida y encima de la respuesta. Esto es igual tanto para cuando preguntamos como para cuando respondemos: yo bien, ¿y tú?, y tampoco esperamos la respuesta.

Podemos pensar que se trata de una costumbre instalada entre nosotros, que es algo que se dice de memoria como fórmula aprendida y quizás no sea tan preocupante como a mí me parece. Quiero llamar la atención, sin embargo, al hecho de que este ejercicio, al repetirse tantas veces de esa manera, está fortaleciendo el que no escuchemos. En este acto tantas veces repetido y tan cotidiano en vez de que lo aprovechemos para mejorar nuestra escucha, estamos desperdiciando la oportunidad de entrenarnos en ella.

En casa aprendimos a hablar y en la escuela a leer y a escribir, pero de que aprendamos a escuchar no se preocupó nadie. Escuchar se deja a la voluntad de cada uno, al interés de cada quien. La sabia naturaleza nos ha provisto de dos orejas y una boca como ordenándonos a que escuchemos el doble de lo que hablamos. El oído está hecho para escuchar y la escucha se puede y se debe entrenar.

Volvamos al ¿cómo estás? y preguntémonos ¿cuánto de verdad puede tener esta pregunta?, ¿verdad en el interés, preocupación, hasta curiosidad, pero verdad al fin? Estamos hablando de comunicación, de intercambio comunicativo, sabemos que en toda comunicación tiene que existir verdad y para eso debemos empezar por sentir esa verdad para entonces poder transmitirla a los demás. Un genuino interés por el otro se puede ver, sentir, escuchar en algo tan simple y rápido como el saludo. Cuanto más interés verdadero tengamos por el otro mayor será nuestra disposición a escucharlo y esto se verá en nuestro rostro, en la espera de la respuesta, se sentirá en nuestra voz, en su tonalidad, en la forma como lo decimos y entonces nuestra pregunta estará cada vez más llena de verdad.

Estando la habilidad de escuchar tan poco desarrollada en nosotros, debiéramos tomar el sencillo acto de saludar como una oportunidad de entrenamiento para mejorar. Esta es la apuesta: hagamos como si estuviéramos en el gimnasio fortaleciendo nuestros músculos al repetir una y otra vez los ejercicios, y en cada saludo después del ¿cómo estás?, probemos hacer una pequeña pausa a la vez que invitamos a quien saludamos a que nos responda.






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