Caras y gestos

Jaime Lértora
¡Habla Jaime! ColumnistaEn la cara se ven los gestos. El gesto no es otra cosa que el producto de un trabajo, de un esfuerzo: el de llevar, de traer el estado de ánimo al rostro, es decir adonde se pueda ver. Un trabajo que de pronto no nos resulta fácil o que no nos interesa realizar. Las razones por las que comúnmente no hacemos este trabajo de expresar emociones pueden ir desde la timidez hasta la flojera pasando sabe Dios por cuantas otras. Lo cierto es que hay un trabajo que podríamos hacer y que no estamos haciendo. No somos culpables de la cara que tenemos, que es el resultado de la genética, de la herencia de nuestros padres, pero sí somos responsables únicos de la cara que ponemos resultado muchas veces del ocio, de la flojera, del desgano en procurar un mejor rostro, más cercano a la emoción que estamos experimentando, que estamos viviendo.
Para reforzar el significado de gesto como acción, como el trabajo de traer o llevar, juguemos a analizar esta palabra. La raíz latina, gestus, la encontramos en palabras como gestar: “la mujer que está gestando está llevando un niño a la vida”. La encontramos también en la palabra gestión: “el gerente es el encargado de llevar adelante los planes, programas, presupuestos de la empresa que dirige”. La silla portátil que transporta al Papa se llama silla gestatoria. Queda claro, entonces, que gesto es el trabajo de llevar el estado de ánimo, las emociones al rostro, adonde los demás puedan verlo.
¿Y para qué quisieran ver los demás como nos sentimos? ¿Por qué tendríamos que estar mostrando siempre nuestros estados de ánimo? Pues para sentirnos mejor, para expresar y vivir a plenitud, para proyectar energía, entusiasmo, ganas, para mostrarnos afectuosos, para ser verídicos y creíbles, creíbles y queribles. No olvidemos que somos parte de una comunidad y que a los demás les interesamos o les debiéramos interesar. Acercarnos a través del espejo de nuestro rostro expresando a plenitud quizás pueda conseguir el milagro de la reproducción de los rostros animados, expresivos, en fin más humanos que los de ahora.
¿Y para qué quisieran ver los demás como nos sentimos? ¿Por qué tendríamos que estar mostrando siempre nuestros estados de ánimo? Pues para sentirnos mejor, para expresar y vivir a plenitud, para proyectar energía, entusiasmo, ganas, para mostrarnos afectuosos, para ser verídicos y creíbles, creíbles y queribles. No olvidemos que somos parte de una comunidad y que a los demás les interesamos o les debiéramos interesar. Acercarnos a través del espejo de nuestro rostro expresando a plenitud quizás pueda conseguir el milagro de la reproducción de los rostros animados, expresivos, en fin más humanos que los de ahora.
Diario La Pr
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