No escribí a tiempo sobre Benedetti porque no me parecía pertinente hablar con regateos de alguien tan célebre, tan justamente reconocido y tan llorado por sus fieles lectores. Pero me han preguntado por el correo electrónico y por teléfono por qué no he escrito sobre Benedetti, así que debo de ser sincero y admitir, a posteriori, que Mario Benedetti siempre me pareció –aparte de una gran persona, un luchador social ejemplar, un exiliado a carta cabal, un escritor prolífico y variado, un hombre de gran sensibilidad social- un poeta menor de dulces melodías, un compositor de poesía recitable, un trovador “que se tenía que querer”.
No estuve entre sus admiradores extremos porque muchas veces vi, detrás de sus endecasílabos frecuentes, la salida fácil y hasta previsible, el panfleto lírico, la tristeza editorial y el discurrir de un río de palabras que no discriminaba la maleza.
Dice Luis García Montero, con toda la razón del mundo, que uno de los aportes fundamentales de Benedetti fue desacralizar la imagen del poeta –ese hechicero de la oscuridad- y convertir sus textos en espacios públicos.
Añadiría, modestamente, que esos espacios públicos podían ser, por concurridos y exitosos, paseos peatonales, granjas colectivas del amor y el desamor, alamedas del extrañamiento.
Previniendo por dónde podía venir el toro, García Montero, confeso admirador de Benedetti, señala: “Es verdad que hay mala poesía nacida de la simplicidad, pero en los desvanes contemporáneos ocupa más lugar la quincallería de las rupturas llamativas, los experimentalismos y los sacerdotes de la élite”.
Eso es cierto. La gente amaba más a Benedetti después de leer a uno de esos poetas en clave de martirio, a uno de esos abortos de la palabra que están convencidos de hacer cocina francesa, plagada de salsas tendenciosas, cuando lo que hacen es chanfainita de petulancia y caucau de nada. Pero, eso sí: escriben en chino mandarín sin traducir y entonces vienen los críticos cursis y nos dicen que detrás de esa niebla tóxica está la casa de la poesía.
O sea que si no te entienden eres regio y si te asomas a la inteligibilidad corres el peligro de ser un pobre diablo. Y eso, decretado por otro pobre diablo con autoridad, puede ser fatal.
Algo de eso pasó con Benedetti, que fue un poeta diurno en épocas donde estaba de moda proferir naderías góticas y hacerse el interesante para atraer a los cándidos.
Por eso tuvo tan enormes audiencias y por eso sus libros parecieron muchas veces, por el número de ejemplares vendidos, novelas de autores industriales.
Y, sin embargo, este Benedetti entrañable que fue siempre de izquierdas, que eludió como dribleador charrúa a la dictadura de Bordaberry, este hombre sencillo y a ratos malhumorado tiene en su pasivo, desde mi perspectiva, el defecto de haber escrito demasiado, de haberlo hecho en voz muy alta y de haber bailado el tango apache de las asonancias.
Benedetti era tan musical que daba ganas de silbarlo y de eso se dieron cuenta muy bien el Viglietti y el Serrat, que le pusieron partitura a lo que estaba cantado.
Si la poesía también consiste, como acaba de decir García Montero, en abrir las ventanas para que entre aire limpio y en escribir para que no te olviden al pie de la letra, entonces Benedetti es, como dicen muchos, una cumbre de la literatura en español.
Si la poesía es golpe vitamínico, vigilia que no se permite tregua, refranero del corazón, entonces Benedetti es palabra mayor.
Pero si la poesía es lo que queda después de castigar cada palabra, lo que se agita después del naufragio, la cadena arrastrada sin saberlo, el ayuntamiento que no imaginabas, la sabiduría sin referentes callejeros o geográficos, entonces conservo mis dudas sobre este muerto ilustre y admirable.




de cielo los pulmones.
Pero igual Benedetti nos llena espacios, simples y llanos, pero así es la geografía de los espíritus, no todos nuestros territorios internos son Macchu Pichu, y muchos (a veces demasiados) son irrigaciones como Majes.
Gracias por sus columnas.
Después de todo la poesía original no tiene esquemas que la encierren en ningún cerebro sabiondo.
Pero que viva por siempre Benedetti!!!!!!!!Y a la !@#$% con la prosa mundana y original.
LOS CABALLEROS DE LA ORDEN DEL MEDALLÓN
“Aire, soñé por un momento que era aire.
Oxígeno, Nitrógeno y Argón, sin forma definida,
ni color. Fui aire, volador”
Mecano
PRIMERA
PARTE
Capítulo Primero
En el final de su vida, aquel hombre tenia frente a sí a cuatro seres encerrados en sus trajes platinados, a quienes no había visto nunca antes en su vida, sin embargo, por alguna extraña razón, que él mismo no llegaba ni llegaría a entender, les terminó confiando sin ningún reparo, el tesoro más angustioso y grande, que había estado guardando en el más inescrutable de los secretos, desde que se hiciera cargo de el, y que a su vez, en un día de invierno, en un lugar no precisado por su conciencia, un abuelo multicentenario, con el último de sus alientos vitales, le llegara a encomendar.
Ya no tenía fuerzas ni vida para soportar tanta angustia, la responsabilidad de tener que guardar el extraño medallón lo dominaba, las esperanzas que alguna vez pusiera en aquel trozo de metal se habían esfumado. Mas no guardaba rencor a nadie por ello, imaginaba que quizás su destino estaba escrito de esa manera. Pues según él, el cír!@#$% se cerraba, ya que así, cuando joven, él también recibió el mismo encargo de manos de un viejo moribundo y vencido por la vida, como ahora era su caso.
Lejanos estaban los días en que aquel medallón innegociable le despertara una devoción que iba mucho más allá de una simple cuestión religiosa, pues por mucho tiempo, ése pedazo de metal representó su único motivo de fe, la única razón para no interrumpir su existencia dilatada, la única motivación que encontró para no claudicar ni desistir de su desquiciado encargo.
Pero, ¿Qué era aquel medallón además de una chuchería metálica? ¿Qué valor tenía? ¿Por qué el viejo lo había guardado por tanto tiempo? ¿Por qué le causaba tanta angustia? Eran algunas de las preguntas que se hicieron al verlo desfallecer, sin que los estertores de la muerte mitigaran la angustia que sentía, no por su propia desaparición, que la sabía inevitable, sino por el futuro del único bien del que se había negado desprenderse durante gran parte de su vida …..
Ganett, Jobak, Sandell, y Kirnatt se acercaron al hombre que pedía ayuda, el cuerpo yacía boca arriba. Parecía desesperado por capturar oxígeno del ambiente viciado. El moribundo, dibujando un gesto de angustia en sus facciones, se dirigió a ellos y les dijo :
-¡ Guarden ... este medallón ...es la es la .....
él los guiara, él los guiara !
Ganett exclamó :
- ¡Tranquilo, amigo! ¿Es tuyo el medallón? ¿A quién quieres que se lo entreguemos? ...¿Amigo? ... ¡¿Amigo?!
Jobak posó sus manos en los hombros de Ganett y exclamó:
- Es todo Ganett , el viejo ya murió
Ganett se puso de pie, se dirigió a sus tres compañeros y replicó:
- Veamos qué de bueno tiene éste medallón, porque de oro definitivamente no es….
Al oírlo, rieron casi por compromiso, al tiempo que empezaron a examinarlo con mayor detenimiento…
Se trataba de un trozo de metal de forma circular y de dimensiones austeras. Se podía coger en la palma de la mano, tenía un peso casi nulo, a pesar de su consistencia robusta y textura lisa de metal bruñido. El brillo que desprendía era extraño, más bien algo opaco, como si se tratara de una vela a punto de extinguirse, y estuviera luchando por dar sus últimos chispazos de luz, antes de pasar inevitablemente a una oscuridad fúnebre. Su color bronce añejo le daba una apariencia solemne, aunque no terminara de parecer realmente valioso.
Pero lo que más llamaba la atención, eran los grabados y alto relieves ahí presentes, aparentemente colocados sin ningún orden específico, sin tener siquiera una idea primigenia de lo que era arriba o abajo, derecha o izquierda, como si dichas orientaciones en realidad no existieran, o en todo caso, aquellos grabados respondiesen a otro tipo de orden, estrictamente proscrito para un simple mortal.
Los gráficos del medallón no eran reconocibles a simple vista, el tamaño de las mismas obligó a la patrulla a utilizar una lente especial que era parte de su equipo básico de exploración, y que a pesar de que, estrictamente, no formaba parte de los aparejos que llevaban normalmente a una misión, esa mañana Ganett insistió en llevarlo consigo.
De pronto, descubierta por la lente, que escudriñaba la superficie del medallón, como un espía que desde el aire reconoce el terreno enemigo, apareció una figura de rasgos femeninos, grabada con la cabeza de perfil y el dorso de frente, llevaba un tocado en la cabeza, el cual se extendía a manera de casco hasta la nuca, llegando libre hasta los hombros. Ya en la parte superior de la misma, remataba con dos cuernos largos y divergentes, en medio de estos cuernos aparecía una esfera totalmente liza sin ningún grabado en su interior. La figura llevaba un collar que le cubría totalmente el cuello, y un brazalete con grabados indescifrables. Así mismo, poseía una especie de antorcha, pero que en vez de llama, tenía en la parte de la base, un rostro rechoncho de rasgos orientales. Sobre aquel rostro, a su vez, se erigían dos columnas, de las cuales salían algunos seres con cuerpo de hombre y cabeza de chacal. “Es la figura de Isis, una divinidad del Egipto antiguo” fue la respuesta del analizador portátil .
Grabada a un costado de la diosa, observaron una rara forma de escritura, que después de mucho estudiarla y de compararla con la ayuda de un pequeño aparato que tenía por objeto descifrar claves o señales, gracias a una completísima base de datos que ésta poseía y que era usado más que nada para descifrar las comunicaciones cifradas del enemigo, llegaron a la conclusión de que se trataba de un párrafo en escritura cuneiforme (la traducción de los escritos no vienen al caso ahora, aunque a grandes rasgos, se trataba de un código legal de normas y castigos, todos innecesariamente crueles, y muchos de necesidad mortal )
Al mover el lente hacia la derecha, observaron en la misma cara del medallón, un monte, de cuya cima salían varios personajes superpuestos en poses orgiásticas, luego de un paciente análisis, el aparato tuvo la certeza de que se trataba de las divinidades Olímpicas en pleno, de donde sobresalía discretamente, la figura paternal de Zeus sobre las demás divinidades plutónicas .
Sobre la misma superficie observaron una figura extraña, se trataba de una plataforma con tres columnas pequeñas por base, sobre éstas, aparecían las figuras de dos seres humanoides teniendo sexo, más arriba, una cúpula, de la cual sobresalía una cabeza de carnero y unos dedos aparentemente humanos. Sentado, dominando todo el panorama, aparecía un hombre adulto, descalzo y con una túnica de lino ajada, su rostro poseía una inusual tranquilidad, que era convenientemente reforzada por una profusa barba, la cual le daba la apariencia de santón. Sobre el hombre, coronando toda la figura, se encontraban grabadas sendas alas de ave, abiertas de par en par, dos serpientes y dos garras de ave rapaz. Era Mitra, deidad de origen Persa, de tiempos muy anteriores al rey Ciro, concluyó el analizador.
En el medallón estaban graficados numerosos personajes extraños e irreconocibles (el analizador ya había presentado problemas para darles respuestas) . Además, se observaba todos los astros conocidos de la bóveda celeste, planetas, estrellas, cometas ... También se toparon con una forma de escritura probablemente de origen balcánico, diversas imágenes geométricas, escritura árabe, hebrea, china, nepalesa, algo que probablemente era sánscrito ( o alguna derivación de dicho idioma ), todo un pandemonio de gráficos y grafías sin un orden definido, ya que el analizador se declaró incapaz de dar a ese conjunto anárquico de gráficos, un patrón definido .
En el lado opuesto del medallón se podía apreciar diversas funciones matemáticas, fórmulas, ecuaciones, inecuaciones, curvas, elipses, rectas, gráficos geométricos tridimensionales, campanas unimodales y multimodales, y otras cosas que, definitivamente, no representaban nada que ellos conociesen ni siquiera tangencialmente.
Además aparecieron muchos otros signos, figuras y pictogramas completamente desconocidos para los examinadores. Después de un tiempo, llegaron a la conclusión de que el descifrado del zafarrancho de grafías del medallón no les correspondía, y que además, no les serviría de nada, puesto que lo que tuviera que decir el objeto metálico, debió haberlo dicho mucho antes, y que ahora probablemente, carecía de sentido e importancia estratégica alguna…..
Una vez terminado el peritaje al medallón, se dieron a la tarea de caminar perdidos un par de kilómetros, hasta que decidieron tomar rumbo sur. Ganett y sus hombres andaban desconcertados. Habían sido hasta entonces combatientes de la confederación Geo Global, pero desde la gran explosión que sobrevino casi inmediatamente después de un ataque total, a gran escala y coordinado de sus fuerzas, sólo habían visto muerte y destrucción a su alrededor. Sus radios no lograban captar ninguna frecuencia, recibiendo por respuesta sólo un silencio neutro.
Habían combatido fieramente contra las huestes de Mundo Tec. INC. El planeta se había dividido en dos bandos, y estos se enfrentaban entre sí, con ferocidad exacerbada, con un odio nunca antes visto, en una guerra que, alimentada como estaba de maldad, mentira y soberbia, parecería no tener fin.
La última orden que recibieron fue – Ataque nuclear en curso, ataque nuclear en curso, preparen medidas de supervivencia… Esto no es un simulacro, medidas de supervivencia en curso, a sus puestos operativos….
Hacía mucho que se hablaba de aquella posibilidad apocalíptica, como una forma radical de acabar con una guerra, con la cual, Ganett recordaba haber nacido, y que había sido parte de su vida todo el tiempo, hasta que en determinado momento de ella, terminó involucrándose, y tomando partido por el único bando por el que tuvo la oportunidad de hacerlo: La Confederación Geo Global o simplemente la GG.
En un mundo que tenía el cuchillo entre los dientes, no hubo chance para la paz. Al contrario, la solución al conflicto era visto como algo utópico. Además, ambos bandos habían ampliado el conflicto hasta territorios inimaginables, ahora también se peleaba en el espacio sideral.
Aunque la Tierra había sobrevivido ya a otros ataques nucleares masivos, se dudaba que pudiera sobrevivir a un próximo ataque de ese tipo, sobretodo porque la potencia de fuego, así como la precisión que la tecnología bélica había alcanzado, hacían casi imposible que alguno de los bandos pudiese asegurar la supervivencia de si mismos, si el ataque en gran escala comenzaba. No teniendo importancia, en esta circunstancia límite, quién halaba el gatillo primero.
Sabían que cualquier medida de evacuación de la población sería inútil, no habría refugios suficientes, ni tiempo para poner a salvo a todos, sin contar que para los líderes de la guerra, la población civil ya no importaba, en una conflagración que se había cansado de violar todos los pactos y convencionalismos consagrados en el derecho internacional, confirmando su ausencia con la realidad de las muertes cotidianas.
No había nada que hacer, la destrucción había sido total y contundente, la tierra estaba yerta, seca, polvorienta y de un color cenizo que lo envolvía todo. El cielo, cubierto con una cúpula negra de polvo y ceniza, no dejaba ver al Sol, aunque la temperatura del ambiente, que enturbiaba el horizonte, hacía notar su presencia.
El paisaje era desconsolador, el cielo mostraba de vez en vez, como saetas que tazaban el manto negro que los cubría, destellos de luces carmesí o naranjas, que no eran las del crepús!@#$%, sino que procedían de los muchos hongos radiactivos que las bombas habían dejado por doquier, y que se elevaban impávidas hasta la estratosfera.
Avanzaban con la incertidumbre de no saber qué había sido de los suyos, aunque la incertidumbre era sólo un mecanismo de defensa, porque lo sabían de sobra: Nadie había sobrevivido. El ánimo era de velorio y caminaban como flotando en el aire, sin estar concientes de hacia dónde o hasta cuándo seguirían caminando, tratando de elevarse por encima de la realidad que los golpeaba salvajemente.
Se tenía que andar con cuidado, puesto que a pesar de la gran desolación que observaban por donde miraran, no podían fiarse de nada, pues cabía la posibilidad de que se toparan con las huestes de Mundo Tec, que aún tuvieran ganas de presentar combate, que aunque improbable en primera instancia, era siempre una amenaza potencial.
Luego de caminar por espacio de dos horas, Ganett, el jefe de la patrulla, ordenó un alto para descansar. Necesitaban con urgencia salir de sus trajes de supervivencia, que resultaron ser una segura protección contra la radiación. Los trajes que llevaban tenían la capacidad de mantenerlos dentro con todo lo necesario como para sobrevivir en medio de los peores escenarios posibles y pasara lo que pasara en el exterior. El traje regulaba el nivel de oxigenación, temperatura y otras funciones a niveles adecuados. Además, poseía un sofisticado equipo de síntesis automática de desechos metabólicos, también contaba, incorporado al mismo, con un completo equipo de comunicación inalámbrico y satelital. Así mismo, poseía numerosos sensores que informaban del estado del soldado a su base, enviando en forma de ondas radioeléctricas, informaciones biológicas del infante y hasta imágenes en vivo de lo que pasaba en el campo de batalla. Dichos sensores también mantenían informado al soldado de su real estado.
Con todo, el jefe de la patrulla contaba además, con una “Bio esfera” . El aditamento consistía en una pequeña caja de ocho cm. de largo, por cinco cm. de ancho y tres cm. de espesor . Dentro de la caja estaba contenido un campo de fuerza, que una vez desplegado, aislaba del exterior a todo lo que se encontrara en un radio de cuatro metros, hasta por veinticuatro horas.
Ganett accionó la “Bioesfera” y todos quedaron a salvo de la radiación externa dentro de la campana salvadora creada por el aditamento. Ahora debían salir de sus estúpidos trajes y decidir lo que tenían que hacer de ahora en adelante, si es que todavía consideraban que había algo por hacer.
Ya dentro del refugio, Ganett habló con Jobak sobre la posibilidad de encontrar el Genovital .
El Genovital no era otra cosa ( al menos eso se decía en la milicia) , más que un gran laboratorio genético , ubicado dentro de un bunker antinuclear, instalado ahí precisamente previendo el Apocalipsis que se venía venir y que ahora los acampañaba. Dicho laboratorio, probablemente, contaba con material genético humano y también de otras especies animales y vegetales estratégicas para la supervivencia del hombre. Eventualmente, se podría fundar un mundo nuevo en cuestión de años. Se suponía que todo el material genético habría sido modificado para vivir bajo las nuevas condiciones de contaminación radiactiva que la guerra nuclear generaría, y que ahora era una funesta realidad. En dicho laboratorio se debería de contar con al menos, un millón de unidades genéticas humano. Todo esto estaría en manos de la Confederación Geo Global. Era todo lo que se conocía acerca del Genovital, nada era confirmado, sólo rumores que se lograron filtrar en la milicia.
Se trataba de una versión moderna del Arca de Noé, la única posibilidad del hombre de seguir existiendo, ya no era posible restaurar el mundo que tenían, pero podían crear otro al que le auguraba un mejor futuro, el único problema era que nadie estaba seguro de que existiera realmente el Genovital.
Mientras discutían el tema, les sorprendió una noche cerrada. La tristeza se apodero de ellos y decidieron velar a lo que fue en algún momento la humanidad, lloraban en silencio y sin lágrimas por lo que ellos habían sido capaces de hacerse. No se atrevían a preguntarse qué harían de aquí en adelante porque pensaban que su fin era cuestión de tiempo. Sin embargo, el gran cansancio que los hombres llevaban encima, hizo que se quedasen dormidos. Pasada una hora desde que los soldados claudicaron a la vigilia, Ganett empezó a tener un sueño...
En el sueño, Ganett comenzó a transitar por un sendero que lo condujo a un mundo que le resultó desconocido y ajeno. Ganett caminó por un Universo donde la tecnología estaba ausente. Transitó por un mundo en donde no importaba el nivel cognoscitivo que había logrado la especie humana hasta entonces, por un mundo en donde el tiempo era nada y los días eran tan frugales como los meses, los años o las centurias.
Había entrado, siempre en su viaje onírico, a un mundo en donde las riquezas, las miserias, las virtudes, los pecados, los sufrimientos y los goces eran sólo una quimera lejana y nebulosa. Ingresó en un mundo subreal o irreal, o tal vez, había ingresado a un mundo tan real como él lo creyese, tal vez se había incorporado a un mundo en donde el existir no era tan trascendente como el ser, y él, en ése momento, no era o no tenía que ser necesariamente un ser biológico, ni siquiera un ser material. Otra posibilidad, igual de incierta que la anterior, era que en el mundo onírico por el que estaba transitando, los seres eran solamente energía existencial, criaturas que no necesariamente habían elegido una existencia palpable y cuantificable para comunicarle al mundo su presencia, tan irremediablemente real y concreta, a pesar de la aparente inconsistencia de la materia y de las ideas de la que estaban hechas.
No se explicaba cómo, pero lo cierto era que en medio de sus tan reales alucinaciones, Ganett había entrado al mundo íntimo del medallón. Aquel mundo parecía tener todos los años del Universo o más, el medallón a su vez, guardaba para sí todos los secretos de su mundo, o mejor dicho, todos los secretos del mundo, comprimidos extraordinariamente dentro de sí mismo.
En el medallón existía toda la sabiduría, toda la necedad, toda la historia, toda la verdad, toda la mentira, toda la duda, toda la certeza, todo el amor y todo el odio del Universo, es decir, toda la conciencia del mundo y de los mundos paralelos existentes, que un simple mortal como él estaba lejos de conocer, y más lejos aún de comprender.
El medallón, siempre en sus sueños, parecía ser más que lo ya mencionado. Era en realidad, una llave, una credencial de entrada al mundo extraño de una existencia paralela a la suya, el ingreso a un mundo que él desconocía.
En medio del carnaval de ideas que se arremolinaban en su mente y que pugnaban por quedar estampadas en su memoria, a Ganett le pareció recibir un singular mensaje, aparentemente el más importante de todos; debía de buscar aquel mundo paralelo, tenía que ir al encuentro del mundo desconocido para poder salvar a la humanidad, al menos eso le pareció sacar en claro de todo su viaje onírico.
Pero también, ahora le era imperativo ir hasta aquel lugar, para rescatar algo que a él le interesaba aún más que salvar a su especie, algo que había estado en él desde siempre. Se trataba de su lucha continua, particular y terca por trascender, quería tener la seguridad, o al menos la esperanza, de que ya sea que en éste mundo, o en aquel otro Universo onírico y desconocido, se supiera que en algún momento de su devenir, existió un tipo llamado Ganett, que hizo lo posible por restaurar un mundo que los suyos y un poco también él, habían destruido.
Ganett no se explicaba cómo fue que en su mente, quedó grabada una ruta extensa y complicada, pero al mismo tiempo imposible de olvidar ni siquiera en sus más particulares detalles. Tiempo después comprendería que aquello era en verdad una revelación, que en un principio confundió con un capricho de su mente, con un deseo suntuario de su ego, con el que había luchado desde que tenía uso de razón. Ahora bien, él no tenía ni la más remota idea de a dónde, en realidad, le llevaría aquella ruta. Tal vez, se dijo - El medallón me ha revelado por fin, el camino hacia el Genovital .
Guardando aquella esperanza en su corazón, Ganett decidió ponerse en marcha, siguiendo el camino trazado en su mente, e impulsado por la combustión del único combustible que poseía: Su fe, se dispuso a conducir a su patrulla por aquel camino, que a decir verdad, ni él mismo estaba convencido de seguir. Pero así son todos los actos de fe, irracionales por naturaleza, acciones que no soportan el más somero análisis, son actos que no aprobarían ningún estudio de factibilidad y que sin embargo se llevan a cabo, porque la voluntad de un acto de fe siempre está más allá de cualquier análisis, son cuestiones del corazón, y han sido así desde el inicio de los tiempos.
Pero de cierta manera suscribo lo dicho por ti sobre mario, porque no tendrá la trascendencia de Vallejo por ejemplo, pero es que a mí Vallejo no me gusta, así de simple, así de básico.
también entiendo tu trabajo, supongo que como periodista tienes la obligación de ir contra corriente, de buscar y magnificar la parte oscura de lo que acontece, pero no sería, digo, no sería mucho pedir hacerse de la vista gorda con el pobre de Benedetti? a lo mejor te vas ganando el cielo de a poquitos, ah disculpa gracias a dios que eres ateo. saludos
UN EJEMPLO: EN LA SUPERINTENDENCIA DE EMPRESAS ADMINISTRADORAS DE SALUD SE CONTRATÓ AL APRISTA: GERMAN MOISES SIPAN DIAZ, CUYO MÉRITO FUE TENER CARNET APRISTA, (MUY CERCANO A LA MULDER), SER CREADOR DE LA ESTAFA DE RBC A LOS INCAUTOS RBCISTAS,SIENDO UN SIMPLE SUB-EDITOR EN CANAL 5 DE DONDE LO BOTARON, SIENDO UN DELINCUENTE QUE ESTUVO PRESO, ENCARCELADO POR EL DELITO DE NO CUMPLIR CON LA MANTENCION A SU FAMILIA, Y QUE LUEGO DE ESTAR LATEANDO, Y SU MUJER CANSADA DE TANTO ESCANDALO SE DIVORCIARA DE ESTA LOCA LUEGO DE ENCONTRARLO CON OTRO HOMBRE EN PLENA !@#$%ADA, FUE ASI QUE FUE A LLORARLE A LA MULDER Y ÉSTA LO COLOQUE COMO "JEFE DEL DPTO.DE COMUNICACIONES" DE ESTA ENTIDAD AEPS SIN TENER NINGUNA EXPERIENCIA EJECUTIVA REAL, Y SER CONOCIDA POR CREERSE "LA GRINGA" O "LA SEÑORA DE SIPÁN".
ESTE ES EL EQUIPO QUE GARCIA NOS PRESENTA, Y QUE LLEVARA AL PAIS NUEVAMENTE AL FRACASO.
Si yo pudiera elegir otra profesion
que la que tengo, otra rutina que la que me ha gastadodurante treinta años, en ese caso yo elegiria ser mozo
de cafe . Y sería un mozo activo
memorioso ejemplar.Buscaria asideros mentales para no olvidarme de los pedidos de todos.. Debe ser
magnifico trabajar siempre co
caras nuevas, hablar líbremente con
un tipo que hoy llega, pide un café, y nunca más volverá por aqui´.
que tal verga aguijon maligno del padre
Booby
Que REGRESE EL CARICATURISTA CARLOS BERNALES
Que REGRESE EL CARICATURISTA CARLOS BERNALES
..Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
Honor al Maestro, que sin darse cuenta de tanto hacer un puente de palabras entre el sueño y la realidad, ahora es otro poeta inmmortal.
"VARGAS LLOSA SE PASO DE CUBA A ISRAEL"
Por Mario Benedetti
El innegable talento demostrado por Mario Vargas Llosa en sus siete novelas, los premios y honores acumulados en más de veinte años, así como la extraordinaria difusión alcanzada por sus libros, han generado y generan una razonable expectativa ante cada uno de sus comentarios y opiniones, aun cuando no se limiten al campo específico de la literatura. En los últimos años, el autor de La casa verde ha mostrado cierta preocupación por explicar sus preferencias y desencantos políticos. Entre las primeras figura, por ejemplo, el Gobierno de su país, encabezado por Fernando Belaúnde Terry; entre los segundos están la revolución cubana y, de un tiempo a esta parte, la revolución sandinista. Desde 1960 a la fecha, Vargas Llosa ha efectuado un viraje espectacular en sus predilecciones políticas, y si bien siempre se ha esforzado por demostrar que su desvelo especial es la libertad, lo cierto es que hace quince años era entusiastamente apoyado por las izquierdas latinoamericanas, y hoy en cambio es halagado y arropado por las derechas. Es claro que en aquel apoyo y en este sostén caben anchas franjas de malentendidos que no corresponden al autor en cuestión, pero de todas maneras son señales a tener en cuenta. Las izquierdas suelen equivocarse en sus fervores; las derechas, casi nunca.
Me parece absolutamente legítimo que un escritor, y más si es alguien conocido y admirado como Vargas Llosa, se sienta tan presionado por la realidad como para pronunciarse frecuentemente sobre ella. La circunstancia de que muchos intelectuales latinoamericanos, a pesar de no practicar la obsecuencia ni la obediencia ciega que suele atribuirnos Vargas Llosa, mantengamos nuestra adhesión a las revoluciones de Cuba y Nicaragua no nos impide comprender que vanos aspectos de esas realidades hieran, vulneren o incluso descalabren ciertas pautas y arquetipos de otros intelectuales. De modo que mientras Vargas Llosa se limitó a expresar su visión personal de lo que consideraba un sistema político ideal (modelo que, con los años, se fue desplazando de Cuba a Israel), así como sus implacables juicios ante los arduos procesos revolucionanos, la distancia entre sus posiciones y las de la mayoría de los intelectuales latinoamericanos sigue creciendo, pero el respeto mutuo se mantuvo. Hoy Vargas Llosa reconoce de manera explícita (véase la entrevista concedida a Valeno Riva en Panorama, Roma, 2 de enero de 1984) que su postura es francamente rninoritana entre los intelectuales de nuestros países.
Esa comprobación no sólo lo sacude y lo irrita, sino que lo lleva a un nivel de agravios que no suele ser moneda corriente en el mundo cultural latinoamericano, donde siempre han existido y coexistido enfoques diversos y hasta contradictorios.
Frecuentemente leo artí!@#$%s de Vargas Llosa y entrevistas que concede a los medios de comunicación; sin embargo, en el reportaje de Panorama antes mencionado encuentro por vez primera algunas tajantes afirmaciones que nunca vi reflejadas en sus colaboraciones latinoamericanas. Pude leer esa nota porque unos amigos me la enviaron desde Italia debido a que yo era allí directamente aludido. Corruptos y contentos titula Valerio Riva a toda página el artí!@#$% en cuestión, sintetizando así el diagnóstico de su ilustre interlocutor acerca de sus colegas latinoamericanos. Sólo menciona tres excepciones (aclara que «hay que buscarlas con linterna»); Octavio Paz, Jorge Edwards y Ernesto Sábato, pero tengo mis dudas de que este último se sienta halagado por integrar la terna. Según declara Vargas Llosa, el llamado caso Padilla le restituyó la soberanía individual, y desde entonces ya no se siente «una suerte de zombi, de robot, de instrumento», como sugiere que todavía han de sentirse muchos de sus colegas. Traza una línea divisoria entre los intelectuales de Europa y los de América Latina: «Entre los intelectuales europeos de izquierda ha tenido lugar un saludable replanteamiento, pero en América Latina la mayoría baila aún obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pavlov». Cuando Valerio Riva le pregunta cuántos y quiénes son esos «intelectuales condicionados», Vargas Llosa responde: «Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Julio Cortázar. Éstos son los más ilustres, pero luego hay un número infinito de intelectuales medianos y menores, todos perfectamente manipulados, subordinados, corruptos. Corruptos por el reflejo condicionado del miedo de afrontar el mecanismo de satanización que posee la extrema izquierda. (...) Intelectuales respetabilísimos tragan las mentiras más infames simplemente para no ser triturados por ese mecanismo de difamación».
Entiendo que el propio Vargas Llosa no es una aceptable prueba de su teoría, ya que desde hace años se viene despachando a gusto sobre algunas de nuestras más firmes convicciones, y sin embargo no parece haber sido muy triturado: no sólo no recuerdo que nadie lo haya tratado de «corrupto y contento», ni siquiera de «perro de Pavlov», sino que más bien ha sido promocionado, elogiado, editado, premiado y traducido como pocos escritores de este mundo. Tal vez su caso podría ser ejemplo del extraordinario apoyo que puede lograr un escritor cuando, además de producir excelentes obras, ataca las posiciones y actitudes de izquierda. Realmente, Vargas Llosa no es demasiado convincente como modelo de intelectual triturado.
Pero no se detiene allí: «En los países del Tercer Mundo y sobre todo en América Latina, el intelectual es un elemento fundamental del subdesarrollo. No es alguien que lucha contra el subdesarrollo, sino que él mismo es un factor de subdesarrollo, ya que es un gran propagador de estereotipos y crea reflejos intelectuales condicionados. Al repetir todos los lugares comunes de la propaganda, termina por obstruir cualquier posibilidad de creación de nuevas fórmulas de liberación», Tengo la impresión de que la teoría de los reflejos condicionados ha ido condicionando a Vargas Llosa. Gracias a Pavlov sabemos ahora que el subdesarrollo no es una consecuencia del desarrollado y subdesarrollante imperialismo, ni de las intocables transnacionales, ni del extendido analfabetismo, sino del alfabetizado y maligno intelectual. Toda una revelación, aunque nos sea difícil imaginar (quizá debido a que somos zombis o robots) que Carpentier o Neruda resulten más culpables de nuestras miserias que la United Fruit o la Anaconda Copper Mining. Es probable que cuando Vargas Llosa menciona el carácter corrupto (y contento) de la mayoría de los escritores latinoamericanos esté pensando en el oro de Moscú. Lamentamos desilusionarlo. Ni los mejores atornillados robots de entre nosotros hemos tenido acceso a esa cuota áurea. Supongo que no se referirá a los derechos de autor generados en los países socialistas, en primer término porque son harto dificiles de cobrar, y en segundo, porque el propio Vargas Llosa ha sido profusamente publicado por las editoriales comunistas.
A un intelectual del alto rango artístico de Vargas Llosa debe exigírsele una mínima seriedad en los planteos políticos, particularmente cuando éstos ponen en entredicho la probidad de sus colegas. Hablar de «corruptos y contentos» en una rejón del mundo en la que hay tantos intelectuales perseguidos, prohibidos, exiliados; donde hay por lo menos veintiocho poetas (incluido su compatriota Javier Heraud) que perdieron la vida por causas políticas; un continente que ha conocido el holocausto de Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo; la desaparición de Julio Castro; el asesinato de Roque Dalton e Ibero Gutiérrez; la prisión de Carlos Quijano y Juan Carlos Onetti; la tortura de Mauricio Rosencof y la muerte heroica de Leonel Rugania; hablar de «corruptos y contentos» en ese marco de discriminación y de riesgo, de amenazas y de crimen es, por lo menos, una actitud insoportablemente frívola.
Ni corruptos ni contentos. El segundo calificativo es casi tan grave como el primero, y revela el mismo desconocimiento del material humano que hoy sostiene y profundiza la cultura de América Latina. ¿Cómo podremos estar contentos si en cada minuto muere un niño en América Latina debido a hambre o a enfermedad; si cada cinco minutos ocurre un asesinato político en Guatemala; si hay treinta mil desaparecidos en Argentina?
Confieso que, en el fondo, ésta ráfaga de agravios, esta virulenta ofensiva que Vargas Llosa dedica a aquellos intelectuales que no comparten sus ideas, me decepciona bastante. Precisamente por haber disfrutado tanto, como lector, de la obra de Vargas Llosa, me entristece particularmente esta injusta diatriba, esta falta de mínimo respeto a quienes, como él, aunque probablemente no tan bien como él, luchamos a diario con la palabra y tratamos de convertirla en literatura, es decir, en patrimonio de todos. Hace tiempo que nos hemos resignado a que no esté con nosotros, en nuestra trinchera, sino con ellos, en la de enfrente, pero en cambio no podemos resignarnos a que, por diferencias ideológicas o amparado quizá en las dispensas de la fama, recurra al golpe bajo, al juego ilícito, para reforzar sus respetables argumentos.
Afortunadamente, la obra de Vargas Llosa está netamente situada a la izquierda de su autor, y seguirá siendo leída con fruición por los zombis, los robots y los perros de Pavlov.
MARIO BENEDETTI VALE UN PERU.
"VARGAS LLOSA SE PASO DE CUBA A ISRAEL"
Por Mario Benedetti
El innegable talento demostrado por Mario Vargas Llosa en sus siete novelas, los premios y honores acumulados en más de veinte años, así como la extraordinaria difusión alcanzada por sus libros, han generado y generan una razonable expectativa ante cada uno de sus comentarios y opiniones, aun cuando no se limiten al campo específico de la literatura. En los últimos años, el autor de La casa verde ha mostrado cierta preocupación por explicar sus preferencias y desencantos políticos. Entre las primeras figura, por ejemplo, el Gobierno de su país, encabezado por Fernando Belaúnde Terry; entre los segundos están la revolución cubana y, de un tiempo a esta parte, la revolución sandinista. Desde 1960 a la fecha, Vargas Llosa ha efectuado un viraje espectacular en sus predilecciones políticas, y si bien siempre se ha esforzado por demostrar que su desvelo especial es la libertad, lo cierto es que hace quince años era entusiastamente apoyado por las izquierdas latinoamericanas, y hoy en cambio es halagado y arropado por las derechas. Es claro que en aquel apoyo y en este sostén caben anchas franjas de malentendidos que no corresponden al autor en cuestión, pero de todas maneras son señales a tener en cuenta. Las izquierdas suelen equivocarse en sus fervores; las derechas, casi nunca.
Me parece absolutamente legítimo que un escritor, y más si es alguien conocido y admirado como Vargas Llosa, se sienta tan presionado por la realidad como para pronunciarse frecuentemente sobre ella. La circunstancia de que muchos intelectuales latinoamericanos, a pesar de no practicar la obsecuencia ni la obediencia ciega que suele atribuirnos Vargas Llosa, mantengamos nuestra adhesión a las revoluciones de Cuba y Nicaragua no nos impide comprender que vanos aspectos de esas realidades hieran, vulneren o incluso descalabren ciertas pautas y arquetipos de otros intelectuales. De modo que mientras Vargas Llosa se limitó a expresar su visión personal de lo que consideraba un sistema político ideal (modelo que, con los años, se fue desplazando de Cuba a Israel), así como sus implacables juicios ante los arduos procesos revolucionanos, la distancia entre sus posiciones y las de la mayoría de los intelectuales latinoamericanos sigue creciendo, pero el respeto mutuo se mantuvo. Hoy Vargas Llosa reconoce de manera explícita (véase la entrevista concedida a Valeno Riva en Panorama, Roma, 2 de enero de 1984) que su postura es francamente rninoritana entre los intelectuales de nuestros países.
Esa comprobación no sólo lo sacude y lo irrita, sino que lo lleva a un nivel de agravios que no suele ser moneda corriente en el mundo cultural latinoamericano, donde siempre han existido y coexistido enfoques diversos y hasta contradictorios.
Frecuentemente leo artí!@#$%s de Vargas Llosa y entrevistas que concede a los medios de comunicación; sin embargo, en el reportaje de Panorama antes mencionado encuentro por vez primera algunas tajantes afirmaciones que nunca vi reflejadas en sus colaboraciones latinoamericanas. Pude leer esa nota porque unos amigos me la enviaron desde Italia debido a que yo era allí directamente aludido. Corruptos y contentos titula Valerio Riva a toda página el artí!@#$% en cuestión, sintetizando así el diagnóstico de su ilustre interlocutor acerca de sus colegas latinoamericanos. Sólo menciona tres excepciones (aclara que «hay que buscarlas con linterna»); Octavio Paz, Jorge Edwards y Ernesto Sábato, pero tengo mis dudas de que este último se sienta halagado por integrar la terna. Según declara Vargas Llosa, el llamado caso Padilla le restituyó la soberanía individual, y desde entonces ya no se siente «una suerte de zombi, de robot, de instrumento», como sugiere que todavía han de sentirse muchos de sus colegas. Traza una línea divisoria entre los intelectuales de Europa y los de América Latina: «Entre los intelectuales europeos de izquierda ha tenido lugar un saludable replanteamiento, pero en América Latina la mayoría baila aún obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pavlov». Cuando Valerio Riva le pregunta cuántos y quiénes son esos «intelectuales condicionados», Vargas Llosa responde: «Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Julio Cortázar. Éstos son los más ilustres, pero luego hay un número infinito de intelectuales medianos y menores, todos perfectamente manipulados, subordinados, corruptos. Corruptos por el reflejo condicionado del miedo de afrontar el mecanismo de satanización que posee la extrema izquierda. (...) Intelectuales respetabilísimos tragan las mentiras más infames simplemente para no ser triturados por ese mecanismo de difamación».
Entiendo que el propio Vargas Llosa no es una aceptable prueba de su teoría, ya que desde hace años se viene despachando a gusto sobre algunas de nuestras más firmes convicciones, y sin embargo no parece haber sido muy triturado: no sólo no recuerdo que nadie lo haya tratado de «corrupto y contento», ni siquiera de «perro de Pavlov», sino que más bien ha sido promocionado, elogiado, editado, premiado y traducido como pocos escritores de este mundo. Tal vez su caso podría ser ejemplo del extraordinario apoyo que puede lograr un escritor cuando, además de producir excelentes obras, ataca las posiciones y actitudes de izquierda. Realmente, Vargas Llosa no es demasiado convincente como modelo de intelectual triturado.
Pero no se detiene allí: «En los países del Tercer Mundo y sobre todo en América Latina, el intelectual es un elemento fundamental del subdesarrollo. No es alguien que lucha contra el subdesarrollo, sino que él mismo es un factor de subdesarrollo, ya que es un gran propagador de estereotipos y crea reflejos intelectuales condicionados. Al repetir todos los lugares comunes de la propaganda, termina por obstruir cualquier posibilidad de creación de nuevas fórmulas de liberación», Tengo la impresión de que la teoría de los reflejos condicionados ha ido condicionando a Vargas Llosa. Gracias a Pavlov sabemos ahora que el subdesarrollo no es una consecuencia del desarrollado y subdesarrollante imperialismo, ni de las intocables transnacionales, ni del extendido analfabetismo, sino del alfabetizado y maligno intelectual. Toda una revelación, aunque nos sea difícil imaginar (quizá debido a que somos zombis o robots) que Carpentier o Neruda resulten más culpables de nuestras miserias que la United Fruit o la Anaconda Copper Mining. Es probable que cuando Vargas Llosa menciona el carácter corrupto (y contento) de la mayoría de los escritores latinoamericanos esté pensando en el oro de Moscú. Lamentamos desilusionarlo. Ni los mejores atornillados robots de entre nosotros hemos tenido acceso a esa cuota áurea. Supongo que no se referirá a los derechos de autor generados en los países socialistas, en primer término porque son harto dificiles de cobrar, y en segundo, porque el propio Vargas Llosa ha sido profusamente publicado por las editoriales comunistas.
A un intelectual del alto rango artístico de Vargas Llosa debe exigírsele una mínima seriedad en los planteos políticos, particularmente cuando éstos ponen en entredicho la probidad de sus colegas. Hablar de «corruptos y contentos» en una rejón del mundo en la que hay tantos intelectuales perseguidos, prohibidos, exiliados; donde hay por lo menos veintiocho poetas (incluido su compatriota Javier Heraud) que perdieron la vida por causas políticas; un continente que ha conocido el holocausto de Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo; la desaparición de Julio Castro; el asesinato de Roque Dalton e Ibero Gutiérrez; la prisión de Carlos Quijano y Juan Carlos Onetti; la tortura de Mauricio Rosencof y la muerte heroica de Leonel Rugania; hablar de «corruptos y contentos» en ese marco de discriminación y de riesgo, de amenazas y de crimen es, por lo menos, una actitud insoportablemente frívola.
Ni corruptos ni contentos. El segundo calificativo es casi tan grave como el primero, y revela el mismo desconocimiento del material humano que hoy sostiene y profundiza la cultura de América Latina. ¿Cómo podremos estar contentos si en cada minuto muere un niño en América Latina debido a hambre o a enfermedad; si cada cinco minutos ocurre un asesinato político en Guatemala; si hay treinta mil desaparecidos en Argentina?
Confieso que, en el fondo, ésta ráfaga de agravios, esta virulenta ofensiva que Vargas Llosa dedica a aquellos intelectuales que no comparten sus ideas, me decepciona bastante. Precisamente por haber disfrutado tanto, como lector, de la obra de Vargas Llosa, me entristece particularmente esta injusta diatriba, esta falta de mínimo respeto a quienes, como él, aunque probablemente no tan bien como él, luchamos a diario con la palabra y tratamos de convertirla en literatura, es decir, en patrimonio de todos. Hace tiempo que nos hemos resignado a que no esté con nosotros, en nuestra trinchera, sino con ellos, en la de enfrente, pero en cambio no podemos resignarnos a que, por diferencias ideológicas o amparado quizá en las dispensas de la fama, recurra al golpe bajo, al juego ilícito, para reforzar sus respetables argumentos.
Afortunadamente, la obra de Vargas Llosa está netamente situada a la izquierda de su autor, y seguirá siendo leída con fruición por los zombis, los robots y los perros de Pavlov.
MARIO BENEDETTI VALE UN PERU.
saludos
BZG
saludos
BZG
La muerte es tan irremediable que lleva a exagerar siempre las loas.
Contados son los que se atreven a respetar en pleno velorio el propio sentido poético. Loado el que lo hace fundamentándolo y con el debido respeto.
Todo verdadero poeta como Benedetti desconoce por qué muchas veces lo que a él mismo le parece detestable es alabado por otros.
La muerte es tan irremediable que lleva a exagerar siempre las loas.
Contados son los que se atreven a respetar en pleno velorio el propio sentido poético. Loado el que lo hace fundamentándolo y con el debido respeto.
Todo verdadero poeta como Benedetti desconoce por qué muchas veces lo que a él mismo le parece detestable es alabado por otros.
Cordialmente,
FM