Primavera infernal
El bombardeo implacable de Homs. La ciudad que resiste a la tiranía de Bashar al-Assad y que causa centenares de muertos, marca un punto de inflexión en la primavera siria. Tras un año de protestas, la escalada ha llegado ya a una abierta guerra civil donde hace unos días los suburbios de Damasco eran asediados por los rebeldes.

Agustín Haya de la Torre
Tribuna LibreSiria fue por décadas uno de los puntales del nacionalismo árabe. El partido Baath, nacionalista y socialista, se hizo del poder a principios de los sesenta del siglo pasado y desde entonces gobernó bajo el estado de emergencia. Como muchos otros, estos nacionalistas surgidos a caballo de la Guerra Fría, con aires modernizadores que repudiaban a las viejas oligarquías feudales y coloniales, nunca pudieron organizar algo más que gobiernos autoritarios y militarizados.
Tras duras peleas entre las facciones militares, el clan al-Assad se hizo con el poder en 1970. Hafez, el líder, gobernó con mano dura hasta el 2000. No tuvo mejor idea que hacerse suceder por su hijo. País clave en el Mediterráneo árabe, ha cumplido siempre un papel de primer orden en el complicado ajedrez político de la zona. Enemigo de Israel, ocupante del Líbano durante largos períodos, equilibrista entre Teherán y Bagdad, mimado por los soviéticos y amigo de China, supo mantener siempre algún guiño a Occidente.
Lo que nunca pudo hacer del todo bien el clan gobernante, fue convencer a la gran mayoría sunita. Su minoritaria fe alauita es apenas representativa del 12 % de la población. Aunque parte del islamismo chiíta que le permitía tener aliados estratégicos en la región, esto poco le sirvió para enfrentar a la creciente radicalidad de sus enemigos musulmanes.
Padre e hijo impusieron un régimen de partido único que con el tiempo permitió otros grupos afines que forman un frente donde el Baath controla el 95% de Parlamento. Tras más de doce meses de revuelta, Bashar al-Assad ha demostrado su arrogancia. Sus concesiones se desgastaron casi al tiempo que las propuso, de allí que ahora recurra a la violencia abierta para tratar de sofocar la rebelión.
Tras haber convertido el viernes santo musulmán en un ritual baño de sangre, ahora enfrenta a un “ejército libre” con armas y coches bomba.
La familia tiene amigos poderosos como China y Rusia, capaces de vetar la intervención de las Naciones Unidas y arrinconar a la propia Liga Árabe. Desde la época soviética, Moscú tiene en Tartus su única base naval en el extranjero, que aprovisiona a sus barcos que transitan al Mediterráneo.
Siria ha resucitado los fantasmas de la Guerra Fría y sus recursos para sobrevivir parecen ahogarse por la crueldad de su dictadura.
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