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Publicado: Lunes 06 de febrero del 2012 | Columnistas y Colaboradores | Imprimir | Compartir | 226 Lecturas

Muchas grasas



Cuando no pudo agacharse para amarrarse los pasadores, Alonso supo que era cierto lo que decían de él, que estaba tan gordo que parecía una vaca y que, si seguía engordando, la tumba iba a ser su meta más próxima. En el espejo veía un cuerpo de elefante con la cabeza de un joven y se le quitaron los ánimos de salir a buscar a Maritza.

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El Escorpión

El Escorpión

El Escorpión elescorpion@diariolaprimeraperu.com

Balanza: 120 kilos, con apenas un metro con setenta de estatura y el saberlo le causó una profunda tristeza.

Creyó entonces que los constantes rechazos contra él eran en realidad un rechazo flagrante a su peso. En su ropero no había prenda que le quedara bien y hasta los zapatos no soportaban ya la hinchazón de sus pies. Se asombró al recordar que hace apenas un año pesaba sesenta kilos y no podía explicarse cómo pudo descuidarse tanto. Fue muy curioso porque cada vez que trataba de recordar desde cuándo empezó a subir de peso llegaba a la conclusión de que comenzó a comer más desde aquella época en que Maritza empezó a rechazarlo con más roche.

No entendía nada, porque todo lo relacionaba al amor que sentía por Maritza, sin darse cuenta que su peso poco tenía que ver con el rechazo de ella. Sin embargo, creyó firmemente, sin razones aparentes, que la negativa de Maritza se debía a su peso. Entonces empezó una dieta estricta: Medio pan integral con un vaso de yogurt en el desayuno; una taza de arroz y un filete de pollo o pescado en el almuerzo; una ensalada de fruta en la cena; mucho deporte, mucha agua blanca todo el día. En cuatro meses empezó a ver los resultados y se dio cuenta que a ese paso, en cuatro meses más, podía llegar a pesar quizá menos de setenta kilos. Se llenó de ilusiones y emprendió de nuevo el ataque por sí; pero Maritza nada que ver. Creyó que debía seguir bajando de peso para volver a intentarlo de nuevo. Su fe era inquebrantable tanto como su amor por ella que solo se rompió la noche en que ya, con menos de setenta kilos, vio a Maritza, en el parque donde él trotaba, sentada sobre las piernas de un gordo de más de 150 kilos de peso.

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