La Matrix: maestro recargado

De las muchas ideas vertidas en la Conferencia Maestros, Sociedad y Estado (Foro Educativo), quiero resaltar una: los docentes deben ser gestores del cambio educativo y no ser restringidos a los linderos de la didáctica y la pedagogía tradicional.

Los docentes son parte de la utopía. Como un planeta dentro de una galaxia, es preciso ubicar tanto al docente (su rol, condiciones de vida y trabajo, formación), como al sistema educativo en un marco socio-económico y ambiental amplio donde, ante la mercantilización de las relaciones sociales (Julio Cotler) ambos viven una paradoja. De un lado son precarizados y arrinconados en la lógica distorsionadora del mercado que deja de lado la formación humanística y la ciudadanía como si fueran billetes falsos y; de otro lado, son desafiados para revertir esta tendencia desde el entendimiento de la educación como espacio simbólico de producción de cultura.

El ejercicio de la profesión docente se juega en un escenario de disputa de sentidos que contrapone ya en varios países las metas del “desarrollo”, concepto algo desgastado que se va vaciando de significado, frente a las utopías del buen vivir. “Hay una ruptura de la idea lineal de desarrollo” (M. Robalino, Ecuador). Por tanto “educar para el desarrollo” también es puesto entre paréntesis, lo que involucra sin duda el quehacer de los maestros y cuestiona esquemas eficientistas que a veces los cronometran.

La educación necesita ser rescatada como derecho humano y ciudadano y los docentes son agentes y sujetos de este derecho. Es necesario despejar la educación y el rol docente de múltiples términos que han oscurecido su contenido fundamental: “empleados” (en lugar de maestros), “clientes” (en lugar de ciudadanos), “servicio” (en lugar de derecho), “eficacia” y “eficiencia” (en lugar de transformación). Solo así es posible pensar la educación como un espacio resiliente y al docente como capaz de coadyuvar a la utopía. Esto implica aulas invadidas por el aprendizaje ciudadano como columna vertebral, articuladora de sentidos de todos los otros aprendizajes, y romper los cercos del aula de la mano de maestros de la sociedad educadora.

Los docentes deben ser convocados a las decisiones de política educativa. Los docentes necesitan ser valorizados en una doble escala. “Este es el año de los maestros en el Perú” (P. Salas). Primero y de cajón: salarios y condiciones de vida que permitan que salgan de una vez por todas de la situación de trabajadores de cuarta o quinta categoría y sean profesionales respetados y ciudadanos plenos. Segundo y esencial: dejar de pensar a los docentes sólo en el plano didáctico como instrumentos cuya formación se restringe a lo técnico, para ser formados y exigidos como actores de las políticas educativas, es decir profesionales con voz y voto.

Y ojo que esta participación de los docentes no se reduce a que sean informados, sino a que tengan presencia y coautoría en los cambios educativos (M. Robalino, Ecuador). Nada menos.

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