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El nuevo fin de la historia (peruana)

El nuevo fin de la historia (peruana)

Hace unos días Víctor Andrés Ponce, escritor, periodista y editorialista de El Comercio, escribió un artículo sobre la derrota de la izquierda peruana. El crecimiento económico del país, la reducción de la pobreza y la nueva clase media emergente habían, finalmente, triunfado sobre la izquierda. En realidad, para Ponce, se trataba de un triunfo indiscutible del mercado y del liberalismo.

Y EL NARCISISMO DE LA DERECHA

Sin embargo, lo curioso del artículo no era su contenido, ya anteriormente este mismo autor había escrito otros en la misma línea, sino más bien que un día antes el mismo diario, El Comercio, había publicado un suplemento sobre la tambaleante e incierta marcha de la economía internacional (capitalista). En realidad, si uno mira con un mínimo de objetividad el contexto internacional –lo que implica dejar de lado esta suerte de narcisismo del que hoy hace gala la derecha peruana- al capitalismo no le va tan bien: recesión económica y crisis política en Europa, lento crecimiento económico con posibilidades de recesión y crisis fiscal en los EE.UU., militarización de las relaciones internacionales como lo demuestran los sucesos en Siria y antes Irak y Libia, gobiernos izquierdistas en América del Sur, gobiernos fundamentalistas luego de la “primavera árabe”, peligros de una nueva Guerra Fría en el Oriente, fortalecimiento de los países que conforman el llamado BRICS, y, la cereza de la torta, el anuncio de que en el año 2016 la economía China superará a la de los EE.UU.

Según el Global Europe Anticipation Bulletin (GEAB) de diciembre pasado: “La desarticulación geopolítica actual, ampliamente anticipada por el LEAP/E2020 desde febrero de 2009 (GEAB n°32), que provoca una fragmentación del mundo se acelerará durante el próximo año en el contexto de una recesión mundial. El fin del liderazgo de los antiguos poderes provocará en 2013 un caos mundial, a partir de la cual comenzará a emerger el mundo de mañana. Será un año sombrío para Estados Unidos, al perder su rol de única superpotencia e incapaz de influir en la construcción de una nueva gobernanza mundial”.

Para muchos analistas, estamos viviendo los prolegómenos de un nuevo sistema internacional. También se puede decir de otra manera: es el colofón de la hegemonía norteamericana. Su actual política de militarizar las relaciones internacionales no es otra cosa que un síntoma de su gran debilidad política. La democracia norteamericana no es hoy día una marca, como se dice ahora, que goce de buena salud. Su venta es cada día más difícil.

En este contexto cabe preguntarse si efectivamente, como afirma Ponce, la izquierda peruana está derrotada. Pienso que no. Sin embargo, sí creo que está bastante atrasada respecto a lo que viene ocurriendo tanto en la región como en el mundo. Son este atraso y su marginalidad política, no su derrota, sus principales características hoy día.

No es el caso desarrollar en extenso las causas de este atraso y marginalidad. Sin embargo, es posible señalar las siguientes: a) su ruptura no solo con los movimientos sociales sino también su incapacidad para constituir actores sociales que puedan ser representados políticamente; b) la ausencia de un relato común sobre lo que viene sucediendo en el mundo, en la región y en el país, sobre todo luego del triunfo de Humala y su posterior deserción; c) su incapacidad para producir un recambio generacional; d) su excesivo ideologismo (hay todavía quienes se siguen proclamando marxistas-leninistas); y e) su enorme dificultad para hacer política en un mundo que es cada vez más mediático.

Y si bien todo esto ocurre con la izquierda peruana, se puede decir que el comportamiento y actitud de la derecha son de una marcha constante hacia un creciente narcisismo o, mejor dicho, hacia un autocentramiento extremo, al margen de lo que viene ocurriendo en el mundo. Como bien dice Tony Judt al inicio de su libro Sobre el olvidado siglo XX: una gran de las grandes limitaciones actuales es “…esta perversa insistencia contemporánea en no comprender el contexto de nuestros dilemas actuales, aquí y en otros países…”. Como también la creencia de que lo único que tenemos que aprender del pasado es simplemente a no repetirlo.

Hoy la derecha peruana (o algunos de sus representantes), como hace más de veinte años hizo la derecha norteamericana, ha proclamado el fin de la historia (peruana). La izquierda ha sido, finalmente, derrotada y lo único que nos queda, como verdad, según nos dicen, es el mercado, el capitalismo y el liberalismo.

Sin embargo, sabemos que eso no es así. Luego de proclamar el “fin de la historia”, la otra historia, curiosamente, se volvió más compleja y más difícil para la humanidad. Y si lo de ayer fue una tragedia, el hoy llamado fin de la historia (peruana) es una comedia. El actual optimismo de la derecha peruana antes que expresión de un laborioso trabajo y de una sólida hegemonía, es más bien fruto de una deserción política, de la captura del Estado y de un golpe de suerte.

Por eso creo que nada está dicho y menos escrito en piedra. La historia no juega ni a favor ni en contra. No tiene propósitos. La historia se escribe y se vive, no se profetiza. Por eso creo también que la posibilidad de una izquierda democrática, plural, moderna y plebeya en el país, está ahí, esperando quién la represente.

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