Batalla ideológica
El pedido de inscripción del brazo legal de Sendero Luminoso ha preocupado con razón a gran parte del país. Es que recordamos, como si hubiera sido ayer, el baño de sangre que nos remeció como resultado de la guerra interna que desató Sendero. Murieron decenas de miles: Policías, soldados, campesinos, niños, estudiantes, profesores, dirigentes sindicales, periodistas, gente común y - cercadas por la muerte- cientos de mujeres del ande fueron violadas y a miles de familias campesinas mutiladas por el terror se les privó del tiempo para llorar a sus muertos no encontrados y abandonaron sus chacras para pervivir en las ciudades.

Javier Sota Nadal
Opinión ArquitectoEl Perú debería ser sentado en el diván del psiquiatra para que tome conciencia de lo ocurrido. Entre nosotros está prohibido hablar. Somos de esas familias que creen que el silencio supera los problemas. Es peligroso dar testimonio y reflexionar sobre los hechos. La Comisión de la Verdad fue atacada porque levantó el velo del olvido y se acercó a las víctimas. Debemos discutir con voluntad de diálogo sobre lo ocurrido para expulsar nuestros demonios. Si bien, nada justifica el ataque feroz a la vida que desató Sendero, tampoco es ético afirmar que el país que incendió Sendero era un paraíso, antes bien, el 40% de la población pervivía ahogado por la pobreza e indiferencia del resto.
Fui autoridad en la UNI cuando Sendero pretendía matar la vida universitaria para levantar una máquina de muerte. La única voz y acción política que como decano y después como rector observé, era la que desplegaba Sendero a través de una serie de agrupaciones que felizmente sólo convencieron a algunos estudiantes y profesores. Sendero aplastó a los partidos de izquierda y terminó de sepultar los restos de los partidos como el PPC, APRA y AP. Los estudiantes y profesores de la UNI se retrajeron en una mayoría silenciosa, pero algunos de ellos se parapetaron en los valores de su espiritualidad (evangélicos y cristianos de la UNI) y dieron la lucha ideológica que los partidos tradicionales debieron dar.
Acompañé en abril del 86 en la UNI a Felipe Mac Gregor, quien disertó sobre la Cultura de Paz; al final de su exposición, estudiantes senderistas lo cuestionaron, afirmando que la violencia que él criticaba era producto del sistema, FMC respondió: yo defiendo la vida, todas son valiosas para mí. Después, a solas, le pregunté qué seguía, me dijo: hay que radicalizar los derechos humanos. Con esta idea años después, siendo rector, propuse al Consejo Universitario otorgar el Doctorado Honoris Causa al peruano que más ha aportado a la idea de una vida plena para todos: Gustavo Gutiérrez, me faltó honrar a Felipe Mac Gregor.
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Tags: sendero, despues, vida, estudiantes, partidos, miles, profesores, desato, felipe, gregor,
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