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Publicado: Lunes 23 de agosto del 2010 | Columna del Director | Imprimir | Compartir | 108 Lecturas

No han aprendido nada

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César Lévano

César Lévano

Razón Social cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

Abimael Guzmán es un preso excepcional. A diferencia de los presos políticos peruanos que durante décadas sufrieron torturas o asesinato, él ha podido convivir durante ocho años en una celda con su compañera Elena Yparraguirre, recibir finas atenciones de Vladimiro Montesinos y, finalmente, gozar de un final feliz: el matrimonio.

El personaje que ordenó matanzas crueles y cobardes, que guió a la muerte y la prisión a cientos de sus seguidores, no ha variado. Lo que ha cambiado es la realidad: Sendero Luminoso es apenas un fantasma del ayer. En Ayacucho, según pobladores que conocen toda la región, lo único que resta son, en el VRAE, las fuerzas de choque del narcotráfico, al cual la fuerza pública enfrenta, pero no quiere eliminar porque recibe millones de soles para “combatir” allá. Los senderistas armados del Huallaga están en vías de extinción.

En San Marcos el senderismo mostró su endeblez.

Eso no quiere decir que no actúe y, entre otras cosas, amenace. En Vórtice, revista que exhibe su vínculo con Guzmán, han lanzado un documento en que atacan sañudamente a profesores como Zenón de Paz, al ex rector Manuel Burga y, de pasada, a mÑ Dime a quién atacas y te diré a quién sirves.

Lo grave es que, siguiendo sus hábitos, los senderistas no discuten, sino que calumnian. Si alguien se opone a sus planes, le hace el juego, según ellos, “a aquellos que quieren intervenir en San Marcos”.

Ahora no disponen de la bala cobarde, mas sus documentos revelan que serían capaces de hacer lo que hacían cuando asesinaban a alcaldes izquierdistas delante de la esposa y de los hijos, o cuando masacraban campesinos. El odio y el peligro están allÑ Hay que denunciarlo.

Se ha producido días atrás la condena a un jefe de los jemeres rojos de Camboya, Kaing Quek Evav, “camarada Duch”, condenado a 35 años de prisión por su papel en la prisión S-21; donde supervisó la tortura de 14,000 adultos y niños, enviados luego a los “campos de la muerte”.

Sabido es que los jemeres rojos, bajo la dirección de Pol Pot, asesinaron a 1’700,000 camboyanos, guiados por una línea ultramaoísta demencial, cuyos pilares eran la exaltación del campesinado y el rechazo a cualquier influencia extranjera.

Cuando, mediante una guerrilla, ocupó el poder, Pol Pot abolió el dinero, prohibió el budismo y todas las religiones, clausuró escuelas, hospitales y tiendas, reemplazó los automóviles por carros tirados por bueyes.

Ese régimen de barbarie tuvo durante años el apoyo de países civilizados: China Popular y Estados Unidos.

Muchos desconocen que en 1990, el Congreso de Estados Unidos decidió cortar los fondos de la CIA destinados a los jemeres rojos.

Ahora los genocidas de Camboya piden amnistía para lograr “la reconciliación nacional”. Suena familiar.






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