Décimas de caña brava

Ayer, mientras almorzaba en un lugar público, se me acercó un señor que entabló diálogo sobre el caso Omar Chehade y me recitó un par de décimas que dicen mucho del humor ciudadano.

Una de las décimas es esta:

En Las Brujas de Kchiche
civiles y generales
no consumieron tamales
ni una fuente de cebiche.
“El pedido” era un trapiche
que hace azúcar de la caña
y planear con artimaña
un futuro desalojo
en favor de “los del ojo”
que financian la patraña.

Cahuide
(Autor de las Décimas impublicables)

Esto ocurrió horas antes del diálogo televisual del Presidente Ollanta Humala con cuatro periodistas de televisión. En esa entrevista colectiva, el mandatario por primera vez asumió una posición cortante respecto a Chehade, al declarar que a éste “le corresponde dar un paso al costado. No vamos a blindar ni apoyar a Chehade”. Precisó luego que “lo mejor sería que dé un paso al costado de su cargo de vicepresidente”.

El primer mandatario informó que el Ministerio del Interior remitirá al Ministerio Público y a la Comisión de Ética del Congreso, -instancias en que se ventila el caso Chehade- los informes que presentaron ante sus comandos respecto a la reunión en el restaurante “Las Brujas de Cachiche”.

Sin duda que el Presidente conoce el texto de esos informes. Es posible que esos documentos castrenses hayan influido en su juicio respecto a Chehade.

Oportuna ha sido la declaración de ayer. Ocurre justo a tiempo porque en estos días deben de estarse realizando las encuestas de opinión a escala nacional. Sospechamos que el escándalo del segundo vicepresidente ha tenido consecuencias muy negativas en los índices de aprobación al Gobierno y al Presidente. La resuelta precisión presidencial puede atenuar el descenso.

Por lo demás, el diálogo exclusivamente con periodistas de televisión no despejó otro tipo de dudas. Sobre el trato con las mineras, por ejemplo, en el que asoma, más que un ánimo negociador, un temple concesivo. La demora en la rebaja de precios de petróleo y gas puede repercutir, por su parte, en el talante ciudadano.

Pero el problema Chehade es sustantivo.

No se invita a cenar a tres generales de la Policía sólo para divagar sobre el joven asesinado en el Estadio Nacional y sobre seguridad nacional. Lamentable es que en esa reunión sí se hablara de Andahuasi, y que Chehade lo negara inicialmente. Ese ocultamiento es una señal de culpa.

Lo peor es que Chehade se presentaba como abanderado de la lucha contra la corrupción. Por eso mismo, su caída ha sido más estrepitosa y más dañina para el prestigio gubernamental y la moral pública. Oscar Wilde lo había previsto: “El hombre que moviliza es casi siempre un hipócrita”.

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