La piel salvaje
La materia prima con la que trabaja un actor son las emociones. Dennis Hopper dice que el actor tiene dentro de sí una paleta de emociones y, al igual que un pintor va plasmando en la tela la múltiple gama de colores, luces y sombras, el actor recurre a sus emociones para configurar su personaje. El instrumento de este proceso es su cuerpo. Debe quitarse la piel, ocultar sus propios amores, odios, deseos, miedos y vestir su cuerpo con la piel, las emociones, las conductas de otras personas que él no conoce pero que contribuye a crear de la nada, investirlas de una humanidad transitoria que concluye cuando las luces se apagan y el telón desciende.
Marlon Brando"

El ejercicio continuo de este proceso mágico de desdoblamiento puede producir diversos grados de neurosis y, ciertamente, una hipersensibilidad emocional cuyos riesgos alcanzan la propia personalidad del actor. El remedio, a veces, puede ser la dispersión de la mente, la estimulación de la sensorialidad, a través de los bloqueos mentales -naturales o la visita a los paraísos artificiales- donde el actor, o el artista, vuelve a encontrarse consigo mismo o con su fantasma, si el personaje ha ganado en el peligroso juego de los desdoblamientos. Pero esta ruleta rusa, donde la adrenalina fluye sin el riesgo inmediato de la muerte, es el encanto y el misterio que envuelve la profesión del actor, que más que profesión es pasión.
Uno de los grandes paradigmas del actor de teatro y cine de Estados Unidos es Marlon Brando, catapultado a la categoría de mito desde los años 50, a partir de su interpretación en teatro y cine del personaje principal, el Stanley Kowalsky de “Un tranvía llamado deseo” de Tennesse Williams, bajo la dirección de Elia Kazan.
¿Qué fue lo que hizo Brando desde la perspectiva de la actuación? ¿Por qué el propio Brando contribuyó sistemáticamente a destruir su propio mito, cuando todos los actores de Hollywood más bien tratan de alcanzar esa condición? Contestar estas preguntas conlleva la tentación de hacer un largo ensayo acerca del “método”, sus virtudes, limitaciones y su contribución al prestigio del cine, al haber aportado los nombres de varias estrellas que han pasado por las aulas de la famosa escuela neoyorquina, el Actor’s Studio, fundada en 1947 por Elia Kazan, Robert Lewis y Cerril Crawford.
Marlon Brando es el primer exponente del estilo de actuación basado en las técnicas de Constantin Stanislavsky, que sugiere la creación naturalista de un personaje a partir de las emociones. Pero el impacto que produce Brando en el público femenino, es a partir de su interpretación de Stanley Kowalsky, por la enorme fuerza que imprime al deseo anormal de su personaje, expresado con todo su cuerpo y su mirada, sin pronunciar una sola palabra, eludiendo la férrea censura moralista del código Hays. Su actuación obliga a cambios en la manera de fotografiar al actor. Ahora ya no basta el bello rostro hábilmente iluminado en un primer plano. Brando necesita planos abiertos para mostrar su torso desnudo, sus músculos, el cuerpo tan deseado por Stella, su mujer.
Pero el atractivo de la película no es sólo Brando, sino también Vivien Leigh, la gran actriz británica. Puede decirse que “Un tranvía llamado deseo” fusiona dos grandes escuelas actorales: la perfección formal de la tradición shakespeariana inglesa, representada por la Leigh y el naturalismo turbulento del mejor teatro norteamericano contemporáneo, propuesto por Brando.
Ronald Portocarrero
Redacción
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Tags: actor, brando, personaje, emociones, cuerpo, cine, partir, teatro, actuacion, deseo,
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