Historias Cruzadas
La gran favorita sentimental del público norteamericano en 2011, este drama femenino sobre el racismo se alista a competir por el Óscar en las categorías principales.
ÓSCAR. La Academia de Hollywood anunció las 8 finalistas en la carrera del Óscar a la Mejor Película Extranjera. Entre las que clasificaron están la iraní ‘La Separación’ y la alemana ‘Pina’. Quedaron fuera ‘Octubre’ (Perú) y ‘Miss Bala’ (México), entre otras.

“¿Sabías de niña que ibas a ser sirvienta? ¿Sueñas con ser alguna otra cosa? ¿Qué se siente criar a una niña blanca cuando alguien más está cuidando a tu propio hijo?” Este duro interrogatorio, con la entrevistada mirando de frente a la cámara, da inicio a los 146 minutos que dura ‘Historias Cruzadas’. En efecto, son casi 2 horas y media los que se toma Aibileen Clark (Viola Davis) para responder las preguntas de Skeeter Phelan (Emma Stone), una joven periodista de Jackson, Mississippi, con serias aspiraciones de escritora. Son los años 60, JFK es el presidente y la lucha por los derechos civiles recién acaba de empezar. Skeeter está decidida a recoger la mayor cantidad de testimonios de las criadas afroamericanas, quiere darles la oportunidad de contar sus experiencias, que se reconozca la importancia que tienen estas mujeres en la sociedad norteamericana. Su motivación es personal: ella misma fue criada por una empleada doméstica, una mujer de color que estuvo más presente en sus años de formación que su propia madre natural. Es en este punto que ‘Historias Cruzadas’ toca una fibra sensible y que a diferencia de la segregación racial no está delimitado a un lugar ni a una época concreta: la inmensa necesidad que tienen los niños de recibir amor. Ese es el gran golpe emocional que tiene la cinta, hacernos cuestionar qué hicimos por las personas que nos criaron, sobre todo por aquellas que no son de nuestra propia sangre. ¿De dónde viene ese amor de madre? ¿Es un amor prestado, alquilado, o es un amor sincero, incondicional? Es material de primera para un melodrama como los de antes, de esos que no dejan ni un ojo seco en la platea. El director-guionista Tate Taylor es consciente de ello y esconde su mejor carta para el desenlace, dejando al espectador en un escenario agridulce, un final abierto que restituye compostura a una narración que parecía haber abdicado a los cuentos de hadas.
‘Historias Cruzadas’ es la típica película de Hollywood sobre amistad entre mujeres, un poco en la línea de ‘Tomates Verdes Fritos’ (1991), con la que comparte los mismos ambientes sureños y una agenda de reivindicación histórica. Son amistades forjadas en la adversidad, en el maltrato, en la injusticia, pero nuestras heroínas tienen dignidad y terminarán rebelándose contra sus opresores. Lo malo es que muchas de estas historias –incluso las mejores- están demasiado interesadas en ser inspiradoras y edificantes, al punto que nos engañan, ofreciéndonos una versión edulcorada de la realidad. Aquí se repite el mismo problema, como si la publicación del libro de Skeeter limpiase automáticamente el alma de una comunidad racista. De pronto todas las piezas encajan en su lugar: los “buenos” son premiados con generosos cheques, siguen adelante con sus vidas, mientras que los “malos” son ridiculizados y abandonados a su suerte. ¿Punto final para la explotación y la segregación en EE.UU.? ¿O un bonito producto de nostalgia que quiere hacernos creer que podemos cambiar el mundo? Sin duda lo segundo. Exigirle rigor a ‘Historias Cruzadas’ es pedirle peras al olmo, lo que es una pena porque tiene las actrices necesarias para alcanzar un grado mayor de veracidad. El acierto de Tate Taylor es construir la película alrededor de las actuaciones, es por eso que cuando Viola Davis y Octavia Spencer (notable como la cocinera Minny) aparecen en pantalla, nada de lo que dicen o hacen parece trivial; incluso cuando se relajan, siempre hay en ellas algo de dolor, una pérdida privada, una humillación compartida. Si es cierto el viejo dicho que afirma que la Historia es escrita por los vencedores, es justo reconocer que Hollywood ha acompañado los procesos que se han dado en su sociedad. Al cine peruano que quiere ser industria también le pedimos lo mismo. No obras maestras o genialidades, sino productos comerciales de calidad y que tengan sustancia, como ‘Historias Cruzadas’. ¿Para cuándo una película sobre Asia y sus playas racistas?
Por: Claudio Cordero
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