Vamos a la feria
Estoy un poco perdido en la soledad del auditorio Chabuca Granda. La puerta está cerrada aún y no hay cola que hacer. Es como las 12 y 30 de la tarde y para la feria del libro el día ha comenzado hace poco.
No dejes que otro compre el libro que estás buscando. Libros de todos tamaños y todos los colores te esperan en estas calles del papel. "

(1) En la calle Angelus Novus de la Feria del Libro sí hay poesía. (2) A buscar el mejor libro al mejor precio.
Es muy curioso; pero creo que han dejado que el poeta Enrique Verástegui, quien exige un Nobel, haga la decoración de esta feria. “No, él no hizo nada, en la feria se le rinde homenaje al vate”, me aclara alguien con cara de organizadora. “Pase a las otras calles, en el auditorio habrá cosas todavía a partir de las 4 de la tarde”, me aconseja.
Me dejo llevar y entró a las otras calles de la feria. “En los extramuros del mundo”, título de un poemario de Verástegui cuya lectura te enseña cual es la calidad del poeta. Por cierto, el libro es muy leído entre los jóvenes universitarios entusiastas en formar eso que llaman grupos literarios. Pasa el tiempo, pasa otra vez.
El motor del deseo
Entró en la calle “El motor del deseo” y no deseo nada, salvo comer un poco y alguien me regala un volante que me dice me darán dos crujientes piezas de pollo por cuatro punto noventa soles. Paso. Porque sospecho que es uno de los locales de Garrido- Lecca, quien en vez de seguir vendiendo pollos y hamburguesas debe explicarnos cómo hizo para que la universidad de Yale aún mantenga secuestrada las piezas arqueológicas de Machu Picchu.
El hambre no se me quita y me dan ganas de devorar un libro. Veo un ejemplar jugoso de pasta gruesa de un libro gigante del Nobel Mario Vargas Llosa. Demasiado grande, digo; y me contento con saborear “La caza sutil” de Julio Ramón Ribeyro nada menos que hecho por la famosa editorial Milla Batres.
Al lado, un lector ingenuo desea a la mujer de otro. Mira con placer la portada de un libro, no recuerdo el título, donde aparece la autora de ese texto mostrando su espalda desnuda. Un amigo suyo le dice: “Es la mujer de Jaime Bayly”. “¿Y? y pregunta el precio”. Señor es tanto. ¿Tanto? Muy caro.
Sin embargo, en esta feria no todo está caro. Hay libros de niveles muy altos cuyos precios son muy bajos. En el stand del Instituto de Estudios peruanos (IEP), en la calle “Monte de goce”, por ejemplo, uno encuentra investigaciones valiosas para entender al Perú a precios reducidos. No digo cantidades, porque hay cualquier cantidad de libros a buen precio.
Monte de Goce
Paso a la calle “Monte de Goce” y una vendedera, jaladora de clientes, me dice “goce aquí” y me asustó. Es una calle hermosa, pues no sólo venden libros sino también herramientas para las bibliotecas. Alguien compra un globo terráqueo y se lo lleva como traslada su pelota el personaje cachetón de “El chavo del ocho”.
Unas gringas piden en inglés libros en castellano y nadie entiende por qué. Un señor alto y de bigotes les pide que hagan algo a unos jóvenes de la caseta turística de la Municipalidad de Miraflores; pero los jóvenes murmuran: “Todo está bien, señor, todo está bien”. Las gringas han pagado en dólares los libros que cuestan en soles. Es muy raro porque han comprado un novelón en español de un escritor desconocido. Bueno, cada gringa con su tema.
Un niño le pide a su madre que le compre “El patito feo” y la madre, alegre y sonriente por la iniciativa de su pequeño, le compra como 10 diez libros de cuentos infantiles que abruma al niño que ahora pide un helado de chocolate. Hace bien el niño. Es la calle del goce.
Angelus Novus
Esta calle hay un stand muy curioso, que dicen es la casa de Dios. Venden biblias. La más cara cuesta 200 soles. Es una Biblia de pasta gruesa con la inscripción “Reina Valera (1960)” que protege bien la palabra de Señor. También hay ediciones para el alcance de las grandes mayorías. “Esta Biblia cuesta sólo veinte soles y asegura que es buscada hasta por los ateos”, me dice. Gracias.
Muy cerca del stand de los libros sagrados está el de la editorial Bruño y no sé por qué razones me recuerda la niñez. “Entre, por favor, hay todo para llevar a los mejores precios, pregunte, pase usted, puede pagar con tarjeta o en efectivo, entre”. Gracias, gracias. Vuelvo.
En la misma calle está el grupo editorial Santillana, el que acaba de lanzar el valioso libro “Opinión Pública 1921-2021 bajo el sello Aguilar del director de la encuestadora Ipsos Apoyo Alfredo Torres. ¿Apoyo? Sí, la encuestadora a la que supuestamente Xavier Barrón podía hacer cambiar sus cifras para favorecer a Lourdes Flores, tal como se oye en el famosos “potoaudios”. ¿Dónde está Barrón?
En la editorial Santillana también están los famosos de la vecindad a precios reducidos hasta un 20%. Hay libros de don Mario Vargas Llosa, de Santiago Roncagliolo, Enrique Planas, Rafo León, hasta de Beto Ortiz. La mayoría de estos libros vienen sellados lo cual impide la lectura gratis de aquel hombre que no tiene dinero suficiente pero que quiere leer en demasía. El lector de gratis es aquel tipo silencioso que coge un libro nuevo para leerlo hasta que el vendedor le diga: “En que le podemos ayudar, señor”. “En nada, gracias” y pasa de stand en stand hasta que la tarde lo empuja al auditorio Chabuca Grande que empieza, como lo dijimos, a las cuatro de la tarde.
Vamos para allá; pero antes miremos un poco, caminemos un poco. Hay un niño que está leyendo todo un mural dedicado a Vargas Llosa. El mural es como 20 metros y al terminar el niño con seguridad sabrá, entre otras cosas, que este escritor se casó con su tía primero y con su sprima después. Todo queda en familia.
En familia es mejor asistir a la feria aunque los libros hay que buscarlos uno mismo, solo. Quien compra un libro porque alguien del costado le dijo que es bueno hace mal. Los libros que siempre se quedarán contigo llegarán solo, como el amor.
Vuelvo al auditorio Chabuca Granda y ahora sí una colaza. Calculo que no podré conseguir un sitio. Doy una vuelta al auditorio que está adornado con portadas de la revista Caretas. Se hace tarde y es hora de ir al trabajo leyendo “La caza sutil”. Buena compra. Abro el libro en la página 25. “Gustavo Flaubert y el bovarismo”. Leo: “Las circunstancias en las cuales Flaubert compuso ‘Madame Bovary’ fueron singulares. Hasta la edad de 30 años era un escritor inédito, conocido solo por un grupo de amigos quienes veían en él a un romántico tardío. Su escritorio estaba lleno de novelas autobiográficas y de dramas históricos escritos en su adolescencia. Cuando terminó LA PRIMERA versión de ‘Las tentaciones de San Antonio’ convocó a su amigos, seguro de haber escrito una obra maestra. Efectuada la lectura, la obra fue condenada por unanimidad”. Tremendo texto. Ribeyro se hace querer cada día más. Es hora de trabajar.
Paco Moreno
Redacción
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