Muéranse de envidia
El presidente Alan García reiteró hace unos días que sus críticos lo envidian por todo, que sus opositores no soportan las maravillas que está logrando en su segundo gobierno, que se mueren de pica porque él es un gran estadista, que no soportan cuando su portátil lo aplaude, que incluso lo envidian por su verbo florido, porque él dice ser un dotado de las letras que en cualquier momento puede lanzar figuras literarias al viento como aquella frase que un canal de televisión repite a cada rato: a ti te falta corazón, Corazón.
El presidente García cree que sus críticos quisieran ser como él, que se mueren de pica por todo lo que está logrando y que quisieran tener su verbo florido. "

Los peruanos de a pie envidian al presidente, digamos, envidian el sueldo del presidente.
No seamos mezquinos y digamos que el presidente García en sus discursos puede dar lecciones de oratoria, de dicción, de buen castellano. Digamos que García es un hombre que maneja bien el lenguaje y sabe jugar con las palabras y puede envolvernos con sus frases como un mago del verbo. ¿Pero de ahí a que sus críticos lo envidien, por eso? No sé.
Yo hice una escueta encuesta callejera, no precisamente a sus críticos sino a gente común y corriente, a gente de a pie. Pregunté a los que van a comprar diarios donde su quiosquera favorita en Jesús María, si envidian al presidente, si quieren tener alguna cualidad suya, si quieren tener su verbo. El resultado de la encuesta empírica fue ilustrativa. Todos envidian a García, digamos. Pero hay que ser precisos: todos envidian el sueldo de García.
La envidia, que es el pesar por el bien ajeno o el deseo de algo que no se posee, puede ser muy dañina. Alguien me contó que un primo suyo murió del mal de la envidia, que eso le dijeron unos médicos extraños en un remoto lugar de Tacna, al no saber por qué había muerto en realidad aquel joven envidioso. Es muy rara está información, pero quizá pueda tener algo de verdad.
La envidia puede crearte una serie de trastornos que logre mellar la salud de los envidiosos. Sé que una alumna sanmarquina, no diré de qué facultad, por pura envidia de su compañera que se convirtió en enamorada del hombre que ama, no hace otra cosa que imitar a aquella rival en todo.
Me cuentan que incluso se compra las mismas marcas y el mismo color de trusas y se baña con la misma clase de jabón que su rival con el único fin de parecerse a ella y recuperar a su amado. Quiere ser idéntica a aquella chica que le quitó a su novio y lo ha logrado, digamos; pero cuando se mira al espejo se odia a sí misma porque ella no está con él sino la otra.
La envidia que puede ser natural, puede a veces llevarte a cometer atrocidades. La envidia empujó, según cuentan algunos pobladores de El Carmen en Chincha, a un jovencito negro a matar a un hombre blanco porque, dijeron, la mujer que amaba el negro se fijo en el blanco y no en él por su color.
Tantas cosas se ha dicho de la envidia. Los entendidos indican que hay una verdad en torno este sentimiento humano. Dicen que quienes dicen ser enviadiados son los que más envidian. Pero qué puede envidiar el presidente García de sus críticos, si es que lo entendidos tuviesen la razón. Nadie sabe.
La verdad es que si debe haber mucha gente, no sus críticos necesariamente, que quiere ser como el presidente García. La gente que lo envidia es quizá la gente que lo sigue y siempre está a su lado para aplaudirlo ahora y clavarle el puñal, como lo han hecho antes, después, cuando deje de tener tanto poder.
Envidian a García los que sueñan con la tajada de la torta que implica el reinicio de la construcción del Tren Eléctrico, que, según el legislador Juvenal Silva, las obras estarían haciéndose con materiales de segunda mano por apuro, y que a cargo de toda la administración de la misma, García puso a un ex asesor suyo con problemas judiciales.
Envidian a García los hambrientos de cualquier tipo de poder, porque para ellos el sentir que les hagan caso es lo mejor que les puede pasar. Son los políticos profesionales, esos que creen que han nacido para gobernar y nosotros para obedecerlos.
Envidian a García los que no consiguen lograr que una mujer hermosa les sonría, lo envidian porque dicen que García es bravo con las mujeres, eso dicen. Envidian a García los que quisieran disfrutar de su departamento en París y de sus propiedades, que no deben ser pocas. Envidian a García los apristas que sueñan con ser presidentes y algunos ministros que siempre se suben al tren que está ganando.
……
Agradezco a los alumnos del colegio Príncipe de Asturias por haber tenido la deferencia de invitarme a sembrar un árbol que ellos habían ganado en un concurso. En realidad, fue muy grato compartir un momento con los estudiantes del colegio de Villa el Salvador. Pregunté por qué me habían invitado a mÑ Dijeron que porque les había gustado algunos escritos míos. Gracias otra vez, chicos, y no envidien a nadie, ni siquiera y menos al presidente García.
Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com
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