Obrero a mucha honra
El hombre más visible de la Confederación General de Trabajadores del Perú, Mario Huamán, tiene para hoy una agenda apretadísima. Ocurre que hoy no es un día común y él tiene la responsabilidad enorme de que las celebraciones por el Día de los Trabajadores salgan como se ha planificado. Anoche, mirando unos apuntes, terminó de afinar su discurso de cierre del mitin sindical-político-cultural programado para las dos de la tarde en la Plaza Dos de Mayo. “Será un mensaje de esperanza, de optimismo y unidad”, dice.
Mario Huamán va por el camino del optimismo y la lucha por los derechos de los trabajadores."

(1) El secretario general de la CGTP sabe que nada se puede lograr sino es con lucha constante. (2) Grandes contingentes de mujeres integran la CGTP combativa. (3) Firmeza en la brega a favor de los trabajadores.
“Celebraremos el Día del Trabajador siguiendo los pasos de los iniciadores del sindicalismo en el país. Somos los seguidores de esos grandes hombres. Las celebraciones de ellos eran con Música y canto; poesía y declamación; danzas y bailes, y así celebraremos nuestro día hoy”, dice Mario Huamán.
El optimismo es una de las características del carácter del representante de los trabajadores. Sabe que la situación de estos es grave y con la crisis puede agravarse todavía más la situación; pero no se detiene en proponer alternativas, no tiene un momento de sosiego para dejar de hacer cosas por los trabajadores. “El Perú, según todos los indicadores, ha crecido como nunca; pero de ese crecimiento sólo se benefician pocas personas. Somos un país que crece sólo para una minoría; la mayoría está en una situación alarmante”, dice.
—Sus detractores dicen que usted tiene aspiraciones políticas.
—Mi única aspiración es recuperar los derechos de los trabajadores conculcados por la dictadura de Fujimori y que este gobierno no quiere reponerlos.
—Pero usted ha repetido que quiere ayudar para que el 2011 haya un alternativa de cambio.
—Claro, trabajamos para eso; los trabajadores también podemos ayudar para que eso ocurra. Pero eso no quiere decir que queremos ser congresistas.
—Entonces siguen con la convicción de que usted no aspira ponerse la banda presidencial.
—Yo participo activamente en la brega de unir a todas las fuerzas políticas progresistas para construir una alternativa de cambio.
—Con usted a la cabeza
—No. En serio, yo no tengo aspiraciones políticas
La capacidad de indignarse ante las injusticias de Mario Huamán es algo innato. A los ocho años de edad, después de que su padre, también obrero de construcción civil, muriera al caer de un octavo piso, él iba a donde había que ir que con su madre para reclamar los derechos del seguro social de su padre muerto. Alzaba la voz y pedía justicia. Ayudaba a su madre.
La pobreza y la pérdida del padre, que es un golpe duro e irremediable, obligaron al niño Mario, de 12 años de edad, a buscar trabajo en una obra de construcción civil. Llegó a una obra del Callao con la frente en alto y la mirada firme, y ahí empezó como ayudante de fierrero, los maestros que arman las estructuras con fierros para los cimientos, paredes y techos de los edificios. “En aquel tiempo realizaba trabajos eventuales durante mis vacaciones”, dice. “Soy obrero a mucho orgullo”, afirma.
“Todo labarthino es un cabellero” fue su lema en el colegio Pedro Labarthe, en La Victoria, casi al pie del Cerro El Pino. Le gustaban las clases de Matemáticas; pero cuando el curso de Historia empezaba no se distraía con nada. Todo lo aprendía y llegó a admirar a Túpac Amaru y Pachacútec, tanto que estudiaba sus vidas con dedicación.
Terminó la secundaría con luces y con el corazón fortalecido; y aconsejado por la pobreza y la falta de oportunidades volvió a las obras en lo mismo de siempre, como fierrero. Su carácter firme y decidido lo hicieron notable dentro del grupo de obreros y así empezó sus pasos como sindicalista.
A los 20 años de edad era ya el dirigente principal de una obra y era el indicado para reclamar por lo derechos de todos ante los ingenieros-dueños de la obras. “Una vez debía hablar con un ingeniero de un metro noventa de estatura. Se me venía con todo el tipo, pero seguí firme, parado mirándolo a la cara. Pensaba que iba a golpearme, pero yo no me inmutaba. ‘O cumple con los pagos o paramos’, le grité. ¿Qué pasó? Paramos”.
“No creas que son simples anécdotas los enfrentamientos por nuestros derechos. Uy, los dirigentes sabemos que eso es una cosa perenne, dentro de las obras. Desde los 20 años estoy en una lucha constante, contra los que creen que pueden hacer los que les da la gana con los derechos de los trabajadores. Fujimori los pisoteó y este gobierno incumple su promesa de resarcir esos derechos. Pero estamos ahÑ Este 27 tenemos la jornada nacional de lucha con manifestaciones en todo el país y quizá nos vamos a un paro nacional”, dice.
La lucha por los derechos es peligrosa, como es peligroso trabajar en una obra de construcción civil. Cierta tarde de 1978, después del almuerzo rápido, el fierrero Mario Huamán estuvo dando unos toques finales a un techo del cuarto piso de un futuro edificio cerca de esas mangueras que trasladan con una fuerza descomunal el concreto desde el primer piso. De pronto, cierto negligente prendió la bomba abajo y la manguera empezó a moverse como una anaconda enloquecida y en uno de los alargues pasó cerca de Mario. El saltó a un costado se fracturó el pie, pero salvó la vida.
“Pero esos son gajes del oficio. Los dirigentes sufrimos todo tipo de amenazas, persecuciones. Nos vamos acostumbrando con el paso del tiempo a la idea de que luchar por los derechos en nuestro país es estar en un peligro constante”, dice.
El ascenso en su carrera sindical fue relativamente rápido. Los dirigentes mayores veían en el joven ventiañero una promesa de lucha. Siempre al frente, siempre constante, como Pedro Huilca y tantos otros. Dejó huella su paso por el Sindicato de Trabajadores en Construcción de Lima en la década del 90, y en ese tiempo lo proponían ya como dirigente de la CGTP. Llegó a la confederación general como presidente, un cargo representativo, y luego pasó a ser secretario general.
Mario Huamán cree que la preparación del sindicalista debe ser constante. “Hay que saber de economía, legislación laboral, seguridad social, historia”, refiere. El estudio no le es ajeno, pues fue un lector dedicado. Ha releído con atención “Matalaché” de Enrique López Albújar, de 1928, y “cacao”, la segunda novela del Brasileño Jorge Amado, publicada en 1933.
“La lectura es imprescindible. Me agrada mucho volver a ‘Cien años de soledad’ de Gabriel García Márquez y el “Elogio a la madrastra” de Vargas Llosa. Leo por varias razones; la principal porque me atrae mucho la lucha social que hay en los libros y también por placer. Yo me divierto mucho con todas las historias alucinantes que hay en ese pueblo imaginario que es Macondo”, sostiene.
Mario Huamán tiene 51 años de edad, una esposa feliz y dos hijos contentos. Su primogénita es arqueóloga y su segundo hijo quiere ser médico, porque tiene esa vocación de servir a los demás.
Mario Huamán le dedica casi todo su tiempo al trabajo sindical incluso quitándole horas a su familia. Atrás quedaron las pichanguitas después del menú urgente en las obras, las conversaciones largas con los amigos. Limeño, de padres tarmeños, lleva la Música huanca en el corazón. Seguramente hoy en la culminación por el Día del Trabajadores se le oirá cantar: “Yo soy huancaíno por algo”, dice.
Paco Moreno
Redacción
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